“El Liberalismo surge para combatir y anular el pensamiento ‘iusnaturalista’ en el que se habían expresado las fuerzas revolucionarias”

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Entrevista a Joaquín Miras Albarrán sobre Praxis política y Estado republicano. Crítica del republicanismo liberal   Salvador López Arnal Rebelión     Entre otras muchas cosas, algunas de ellas recordadas y comentadas en anteriores conversaciones aquí publicadas, Joaquín Miras Albarrán … Sigue leyendo

“Hemos pasado de considerar la educación como un derecho a considerarla como una inversión para un negocio vital que va a durar toda la vida”

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Entrevista a Carlos Fernández Liria, Olga García Fernández y Enrique Galindo, autores de Escuela o barbarie Salvador López Arnal Rebelión Carlos Fernández Liria es profesor de filosofía en la UCM. Entre sus numerosos libros cabe citar En defensa del populismo … Sigue leyendo

“El mundo no fue nunca igual tras esas grandes luchas, tras esas revoluciones, aún a pesar de ser derrotadas”

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Entrevista a Joaquín Miras Albarrán sobre Praxis política y Estado republicano. Crítica del republicanismo liberal Salvador López Arnal Rebelión     Entre otras muchas cosas, algunas de ellas recordadas y comentadas en anteriores conversaciones aquí publicadas, Joaquín Miras Albarrán es … Sigue leyendo

Reseña de “Cuando la revolución termine” de Leila Nachawati Rego

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Ediciones Turpial Santiago González Vallejo Rebelión La autora, Leila Nachawati, hispano siria, nos presenta un fresco de personajes de la Siria pre revueltas. Por un lado, hay la descripción de una vida ‘normal’, de jóvenes dispares, que viven en una sociedad con ansias de consumir, … Sigue leyendo

“Tombeau” para José Luís Perez de Arteaga

Hoy hace una semana de su prematura desaparición y aún no me he podido hacer a la idea porque realmente estoy muy afectado. Las personas que lean esta carta, ya que usted por desgracia no podrá hacerlo, espero que se sientan reconfortadas para vivir y padecer el vacío que nos deja.

Desde el mismo inicio de su programa, me convertí en un seguidor fiel y los fines de semana, de forma rutinaria, se organizaban de un modo u otro entorno a los contenidos que usted nos iba ofreciendo. Primero era oyéndolos en la versión de 4 a 19h de sábados y domingos, más tarde en las repeticiones nocturnas, y desde unos años hasta hoy en los podcast que están en la página web del programa.

Desde hace tiempo atrás, empecé el ejercicio de visitar los más antiguos programas que en la actual página web empiezan en “Mahler intérprete e interpretado” y se van continuando hasta nuestros días. Faltan joyas antiguas como la larga serie sobre la música de Petersson, la de las pianolas Welte-Mignon donde Wanda Landowska tocaba música romántica o la entrañable serie “20 años sin Pau Casals”.

Pese a estas joyas “perdidas”, revisitar la página comporta un inmenso placer no solo por la música que usted nos ofrecía y nos preparaba con mimo, sino también por sus comentarios cuidadosos, documentados, críticos, y por encima de todo muy sabios.

Revisitando retrógradamente los programas hasta el día de su muerte había llegado hasta el del día 2 de julio de 2011 donde usted disertaba sobre un personaje fundamental para los amantes de la música de Wagner, la del director y compositor Mottl.

Espero que la página no desaparezca, y así pueda seguir oyendo una y otra vez estas músicas y estos comentarios que me permitieron durante más de tres décadas no solo organizar mis fines de semana, sino también descubrir compositores, directores, orquestas, solistas y todo tipo de formas musicales que usted nos presentaba como un océano inacabable.

Este sábado pasado, hacia un tiempo frío en Barcelona, mucha lluvia y mucho viento y cuando puse a las 16 horas Radio Clásica, me puse a llorar oyendo la primera sinfonía de Mahler, los “Kindertotenlieder” cantados por la probablemente la mejor contralto de todos los tiempos, Kathleen Ferrier, y luego la segunda sinfonía de su compositor dilecto al que usted dedicó tantas y tantas horas.

Me armé con unos auriculares, cogí la radio y salí a pasear. Mejor enfrentarse a la lluvia fría y a un viento acerado que a la muerte de alguien que ha formado parte de mi familia durante buena parte de mi vida. Escucharlo así, me dio una inmensa paz aun cuando sigo negando en mi interior que usted se nos haya marchado. Le estoy eternamente reconocido por haber aguantado hasta el final.

En los días que vengan, espero que me pueda concentrar en escuchar con calma los últimos programas y volverme hacer a la idea de todo lo que allí fue dicho, y poderlo introyectar como parte de mi propia memoria. Luego, volveré a escuchar retrógradamente los programas hasta llegar al presente.

Me habría hecho gracia si me permite la pequeña broma que algún día me hubiera examinado de “el mundo de la fonografía”. Seguramente se quedaría sorprendido hasta qué punto un maestro puede influenciar a personas deseosas de conocer. No sé si merecería aprobar en “mundo-de- la- fonografía-logía” pero pienso que sí.

También me pregunto dolorido quien nos presentará ahora las retrasmisiones de Bayreuth porque sus comentarios eran impagables. Podría citar decenas y decenas de anécdotas a cual más divertida, entre las que destaco -para poner una nota de humor- aquel desgraciado verano donde un tenor supuestamente wagneriano que hacía de Sigfrido mereció de usted un “fulanito no canta… profiere”.

Como en el caso de Couperin o de tantos otros músicos, he pensado que la mejor forma de homenaje era dedicarle esta carta de agradecimiento por lo que usted ha sido y hecho. Deploración, y luto, pero a sabiendas que lo físico, lo material, la obra hecha, siguen ahí.

Antes de acabar este “tombeau” y recordando la música funeraria tan corriente en la cultura occidental, por un momento me detengo en los programas de finales de abril y principios de mayo de 2011, donde usted nos disertó una hermosísima clase sobre Kabalevsky, Shostakovich y Katchaturian. Aquel día nos ofreció si no recuerdo mal, la tercera sinfonía coral de Kabalevsky escrita en honor a un personaje que llevaba una barba calcada a la suya.

Este personaje escribió en un libro citando a un poeta, que “es necesario soñar”. Un sueño que siempre he tenido, era poder haberlo conocido. Pero ya que no es posible, emito una propuesta que probablemente sea otro sueño irrealizable, que vendría a ser que, todos los “mundo-de-la-fonografía-lologos” y los “mundo-de-la- fonografía-lófilos”, nos encontráramos algún día en esto que ahora se denomina “una quedada” para compartir aquello que Schiller dejo escrito: Lo que está destinado a vivir eternamente en los cantos, debe, antes, perecer en la existencia. Me gustaría que sus compañeros de Radio Clásica evaluaran la posibilidad de realización de este sueño.

Descanse en paz.

Afectuosamente, para toda su familia y compañeros de Radio Clásica.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223115

Del cielo al infierno: por una nueva geografía crítica

Reseña de Vertical: the City from Satellites to Bunkers, de Stephen Graham, (Verso, Londres, 2016)

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Al recorrer con los dedos y la mirada un planisferio o un globo terráqueo uno no siente ni un ápice de desnivel: las yemas de los dedos no notan las puntas de los rascacielos, con sus característicos “vanity height” -partes superiores inutilizables del rascacielo que sólo sirven para batir los records de altura y que suelen constituir un 20% del edificio-, ni se adentran en las entrañas de la tierra a través de las minas construídas a 3000 mil metros bajo tierra. Pura “planitud” (“flatness”) y superficies lisas, o medianamente rugosas simulando el desnivel natural producido por montañas y cordilleras, son lo único que uno logra hallar en el estudio geográfico de nuestro habitar el planeta y de las relaciones sociales que éste inaugura. ¿Qué nos dice esto? O mejor, ¿qué no nos dice? Hay toda una costelación de objetos, de paisajes, y de escenarios atravesados por la sangre y las leyes del Capital que son invisibilizados por la “planitud” de nuestro conocimiento y las representaciones estéticas que lo sustentan. El “mundo aplanado” bidimensional nos venda los ojos ante un espacio devastado desde arriba por las bombas, sobrevolado por drones, y colonizado por los “über-ricos”.

Ante esta situación, Stephen Graham, profesor en la Newcastle University’s School of Architecture, en su última obra “Vertical, The City from Satellites to Bunkers” (Verso, 2016), propone una transformación radical de los estudios geográficos y urbanísticos que supere la “mirada aplanadora” introduciendo el eje vertical en sus análisis para que el mundo emerja en sus tres dimensiones. Las razones son evidentes: el velo con el que esta perspectiva cubre y oculta realidades dramáticas produce ilusiones y fetichizaciones que las pueden legitimar nefastamente. Tómese por ejemplo el caso de las fronteras: “Sin ser de gran ayuda, el poderoso legado de dichas tradiciones de pensamiento “aplanantes” significa, demasiado a menudo -dice el autor-, que las fronteras siguen siendo abstraídas, como poco más que una línea bidimensional en un mapa. Esta perspectiva obvia la política tridimensional que se juega por encima, debajo y alrededor de las fronteras”¿Dónde están los muros carniceros, los túneles clandestinos y el control fronterizo aéreo?.

¿Qué significa estar arriba o abajo en un mundo que se urbaniza a velocidades vertiginosas?

Vertical es un auténtico manifiesto en favor de una nueva geografía crítica que se haga cargo de la tridimensionalidad de la existencia humana: del cielo al infierno, las relaciones sociales han adoptado cada vez más una dimensión vertical: satélites, drones, bombarderos, helicópteros, rascacielos, esmog, la superficie del suelo, minas, búnkeres, el alcantarillado y una miríada rapsódica de objetos pueblan nuestro mundo. Al observar el mundo de arriba a abajo, tanto un horizonte de realidades como aspectos esenciales de la estructura del mundo se nos desvelan. Las relaciones asimétricas y desiguales de poder, de acceso a bienes fundamentales y al disfrute de la tierra y del aire se encarnan en una disposición particular de nuestros cuerpos en un espacio que no se agota en la mera horizontalidad. Es más, nuestra vida se juega y está en juego por acciones y movimientos verticalizados: los ejércitos de las grandes potencias saben que las guerras se van a jugar con más frecuencia desde el plano cenital gracias la mirada “divina” que ofrecen cada vez más las nuevas tecnologías. El propio sustento material de nuestra contidianidad depende de la extracción de productos mineros sin los cuales no habría mundo edificado de ningún tipo. Por todo ello el libro comienza con la siguiente pregunta: ¿qué significa estar arriba o abajo en un mundo que se urbaniza a velocidades vertiginosas?

Para responder a una pregunta de este tipo, Stephen Graham es categórico: las tradiciones “planas” (“flat traditions“) en geografía y urbanismo deben ser superadas. ¿Por qué no hacer una geografía multinivel, que tenga por objeto tanto los ascensores como las autopistas urbanas y los metros; una geografía que se ocupe del espacio aéreo, de drones y de satélites así como de la superficie terrestre? ¿Por qué no hacer una sociología o una historia de los búnkeres, de las torres destinadas a viviendas de lujo, de las nubes de contaminación y del transporte no terrestre? De este modo, el libro se organiza en una concatenación de capítulos, únicos en sí mismos y con análisis ricos en información, que estudian una dimensión o realidad de este eje vertical: comenzando con un capítulo dedicado a los satélites, Graham avanza descendiendo a los aviones, los drones, los helicópteros, las ciudades multinivel, los rascacielos, las favelas verticalizadas, las viviendas de lujo, la propia superficie, el aire que respiramos, los ascensores, la red de alcantarillado, los sótanos, búnkeres, y finalmente las minas.

A pesar de que cada capítulo analiza uno de los elementos de manera separada, buscando mostrar la riqueza que ofrece el estudio de esos espacios hasta ahora invisibilizados, hay tres ejes que atraviesan el conjunto del libro: el primero nos desvela los escenarios contemporáneos de la lucha de clases y en particular su configuración urbana; el segundo se hace cargo de la nueva dialéctica militar entre Estados, las direcciones aéreas que está adoptando, y las estéticas e imaginarios que la sustentan; finalmente, el tercer eje estudia la manufacturación del mundo, o dicho de otro modo, denuncia la ilusión de algo así como la existencia de una naturaleza: la superficie, el aire, y en general la Tierra han sido radicalmente mani-pulados y retransformados por el trabajo y la acción del Hombre.

Asaltar los cielos: mercantilización del aire y apropiación de las ciudades por las clases dominantes.

Uno de los elementos más llamativos del libro es la manera en la que se resalta la colonización de las ciudades por las élites económicas del mundo trayendo consigo transformaciones nefastas y urbanicidas para las clases populares (es decir, la inmensa mayoría de la población). El derecho a la ciudad y su disfrute se están viendo absolutamente comprometidos por fenómenos como la gentrificación, los desplazamientos, la destrucción de espacios de convivencia y el alejamiento de los espacios de disfrute real, no de simple ocio proletarizado. Una de las causas inmanentes a estos procesos es lo que puede ser identificado como la mercatilización del aire. La mercantilización del aire se produce de una multitud de formas que se van desarrollando a lo largo de libro. No obstante cabe destacar tres: las construcción de rascacielos, la construcción de torres de viviendas de lujo y la transformación de la ciudades en productos de consumo turístico (fenómenos que se intersectan constantemente e incluso se superponen).

La construcción de inmensos rascacielos, símbolos fálicos del poder financiero de grandes corporaciones en sus orígenes en las ciudades de Chicago y Nueva York, y a día de hoy símbolos de la integración de ciudades o Estados en las reglas del juego mundial -piénsese en ciudades como Dubai, Hong Kong, Singapur,etc.- se elevan como enormes mastodontes con los que ya no se busca dar solución a los problemas habitacionales por problemas de superpoblación como pudo haber sucedido en las fantasías modernistas o de ciencia-ficción de inicios del siglo pasado, sino que responden a fines que no tienen nada que ver con hacer ciudades dignas de ser habitadas: es una forma de valorización del capital que produce pingües beneficios a los promotores de la construcción. Esto genera a su vez, si tenemos en consideración no ya el rascacielo en su unicidad, sino el rascacielo como inscrito en una retícula de múltiples rascacielos, skylines que se convierten en marcas distintivas de cada ciudad que será de grandísima utilidad para toda una industria paralela de ocio y merchandasing turístico (a pesar de que el producto final sea siempre muy similar entre ciudades). Por su parte, las torres de viviendas de lujo, muchas inhabitadas y empleadas como instrumento de blanqueamiento de dinero, proliferan a una velocidad nunca vista y ofrecen en su interior unas perspectivas visuales que permiten otear la ciudad desde la altura como vía de consumo visual arrogante y altivo del espacio urbano. Quizás, uno de los fenómenos que mejor expresan la fulgurante disolución de las ciudades como espacios de vida, alegría, jovialidad, encuentro, y como espacios políticos de discusión y poder ciudadano, es la reorientación absoluta de su diseño para fines de consumo turístico que prácticamente se configura como la contraparte del “ojo del demiurgo creador” que ofrecen las viviendas de lujo. Lo importante es conformar una silhueta llamativa y atrayente. Tal es el nivel de abstracción del contenido positivo de esa forma que se configura el fenómeno que Graham denomina “voyeurismo vertical”: se trata de la creación de teleféricos, o puntos privilegiados y “seguros” en las ciudades para contemplar como objeto de consumo las favelas que se construyen sobre los cerros de las ciudades, ofreciendo así una supuesta experiencia de “autenticidad” para los turistas.

Escenarios contrapuestos de desigualdad: lo que desvela el análisis geográfico vertical sobre la realidad de la lucha de clases contemporánea.

Vertical puede ser leído como la presentación de este escenario de desigualdad por pares de oposiciones: el 432 de Park Avenue en Nueva York, el segundo rascacielos más alto de la ciudad en el que cada apartamento cuesta 95 millones de dólares, situado en el centro de Manhattan, dispuesto para admirar desde los cielos el skyline de la ciudad en un espíritu de calma, distancia y alejamiento del tumulto y la polvareda urbana de las aceras de la ciudad, se opone a la Torre David, un auténtico rascacielos “favelizado” en el centro de la ciudad de Caracas, que fue ocupado por familias -hasta su realojamiento en viviendas de protección oficial hace unos años- dando vida, caótica en apariencia pero con una organización interna espectacular en realidad, a un edificio ruinoso. Peluquerías, guarderías y hasta un servicio de motos (a falta de ascensores) se daban encuentro en un espacio atravesado por la más absoluta precariedad. Otro par en oposición se juega en los que Stephen Graham llama “aislamiento vertical”: si para las poblaciones adineradas de Guatemala, India o Vancouver significa que en el mismo edificio cuentan con todos los lugares de ocio necesarios para no tener ni que abandonar el inmueble y por tanto cruzarse con la miseria que les rodea, para los más vulnerables -y pensamos especialmente en el fenómeno de la pobreza entre la población anciana- puede significar el quedar recluido en su hogar -o fuera de él- por una avería en un ascensor. Graham insiste en que un problema en los sistemas de transporte vertical puede tener consecuencias más dramáticas, pero más invisibles, que los problemas tan notables y tangibles del transporte horizontal (vehículo personal, tren, autobús, etc.).

Ante el aire que respiramos también nos topamos con un espejo invertido: frente al ascenso del calentamiento global, la generación de gases tóxicos -que han invadido las ciudades asiáticas-, y las temperaturas notablemente superiores en los espacios urbanos frente a los rurales (fenómeno nombrado como “urban heat islands“), se dan dos situaciones. Si para las clases populares verdaderos derechos fundamentales como son la mera supervivencia se están viendo comprometidos -podemos destacar varios ejemplos: en la ola de calor que atravesó Europa en 2003, sólo en París murieron 4800 personas de manera prematura y como consecuencia directa de las altas temperaturas, bautizadas como “los Olvidados” por la prensa francesa, por no tener acceso a sistemas de climatización privados, y al vivir confinados en espacios asfixiantes y minúsculos; otro ejemplo es el verdadero “airepocalipsis” que sufren los millones de habitantes en Beijing que están al origen de numerosísimas enfermedades, problemas respiratorios y muertes prematuras-, una pequeñísima minoría, en cambio, se está dando a sí mismo soluciones para escapar al veneno que flota encima de nuestras cabezas, “enburbujándose” literalmente. Stephen Graham afirma que “ejemplos como los centros comerciales y resorts de ski gigantes de Dubai, los colegios para estudiantes internacionales de Beijing y una miríada de plazas privatizadas por corporaciones y las torres residenciales de los “mega-ricos” están cuidadósamente organizadas para permitir que las poderosas élites se acordonen frente a los peores efectos de la vida urbana exterior cada vez más deteriorada”. Es más, Graham afirma de manera rotunda que lo que a primera vista pueden parecer desastres naturales (como los ejemplos que estamos comentando) son productos de un tipo de relación social, y son primordialmente problemas políticos. En este sentido, con respecto al ejemplo de las altas temperaturas, las soluciones individualistas que se ofrecen a través del mercado no sólo no da solución al problema en su conjunto, sino que empeoran la situación ya que los sistemas de climatización, si bien enfrían en el interior, calientan el exterior provocando una subida de las temperaturas.

Por último, otro contraste que desvela el análisis del eje vertical, es el hecho de que ese mundo de rascacielos que se está edificando frente a nuestro ojos, depende de la explotación, casi siempre cruel, de miles de trabajadores en minas cada vez más profundas. Hay una realidad oculta a nuestros ojos, pero esencial en la composición de nuestro mundo: el mundo se construye con minerales y necesita energía para hacer funcionar a las máquinas. Por ejemplo, para construir el Burj Khalifa han hecho falta 55000 toneladas de acero, 250000 toneladas de cemento de “alto-rendimiento”, 700 toneladas de aluminio y 85000 metros cuadrados de vidrio. Este símbolo de la gloria del capitalismo contemporáneo, en el que Tiger Woods nos pudo deleitar jugando al golf desde el helipad de la torre, verdadera joya de la corona del consumo, el ocio, y el blingbling, condensación material de todas las virtudes del capital, reposa no sólo sobre el trabajo de miles de trabajadores en condiciones deplorables sino en la sangre de mineros a través de todo el globo, que descienden diariamente hasta 4000 metros de altura bajo el nivel del mar, en el peor de los casos.

Evidentemente el libro contiene una multitud de ejemplos, informaciones y datos interesantes de la que no podemos hacernos cargo. No obstante, hay dos preguntas clave que recorren el libro. La primera está formulada explicitamente: ¿pueden un conjunto de “derechos ontológicos”, como por ejemplo respirar, desafiar o incluso desplazar el modelo económico actual? La segunda es ¿cómo recuperar el control democrático del tipo de ciudad que queremos habitar? En definitiva, ¿quién ordena la ciudad? ¿Qué intereses se están viendo plasmados en la reestructuración de las urbes por todo el globo? ¿Queremos realmente las ciudades que habitamos?

¿Quién es el enemigo? Sobre los nuevos imaginarios militares.

Hasta ahora nos hemos centrado en todo lo relacionado con el análisis urbano, pero el libro contiene capítulos muy importantes acerca del desarrollo de nuevos instrumentos en el ámbito militar. Hace un balance de la importancia de los satélites en nuestras vidas cotidianas – cabe destacar que de ellos dependen cajeros, sistemas gps, desarrollo científico y telecomunicaciones entre otros, de manera que la destrucción de un satélite puede tener efectos críticos-, pero también comenta el rol que desempeñan como instrumentos de espionaje y control (por ejemplo el sistema de vigilancia PRISM). Permiten un tipo de visualización del planeta que es facilmente asimilable a la mirada de Dios todopoderoso, capaz de alcanzar los lugares más recónditos de la Tierra. No obstante, en su capítulo sobre los búnkeres y los túneles, Graham señala inteligentemente cómo esa mirada se detiene en la superficie. A causa de ello se están desarrollando misiles capaces de atravesar la superficie para adentrarse en las entrañas de la Tierra (misil MOP), y se está tratando, o por lo menos se coquetea con la idea, de desarrollar herramientas que sean capaces de “a través del suelo”. Los drones también juegan un papel fundamental en la industria armamentística viéndose su producción aumentada de manera exponencial en la última década, y llegando a ser un arma tan significativa -y tristemente letal- en algunas zonas como el norte de Pakistán que se han desarrollado expresiones populares tales como “te voy a dronear”. Los aviones bombarderos en general, y el acontencimiento de Hiroschima y Nagasaki en particular, también merecen cierta consideración en el libro, así como los helicópteros de guerra.

 Ahora bien, lo más destacable en las consideraciones de Graham es el estudio del imaginario que subyace a la proliferación de estos objetos: existe una constante de la que participan en mayor o menor medida las narrativas acerca de los satélites, los drones, los helicópteros y los bombarderos: son máquinas cuyo ángulo vertical de visión ofrecería una capacidad casi omnisciente y todopoderosa. Serían una suerte de artilugios divinos de destrucción. A sus pies no tienen más que un terreno infinito de objetivos, que serían perfectamente capaces de identificar y ejecutar en un instante. Sin negar un ápice la capacidad destructora de los miembros de la lista, hay que decir, en contra de la publicidad que las empresas armamentísticas hacen de sus productos, que estos aparatos no sólo no son omniscientes, sino que la identificación de objetivos y de enemigos depende de una definición social, siempre basada en perfiles racializados, llenos de prejuicios. Hay un contraste realmente llamativo entre la capacidad de identificar enemigos de manera sencilla y ágil que ofrecen estas máquinas, con la definición real del enemigo. Los ejércitos, y en particular el norteamericano -siempre a la vanguardia en desarrollo militar-, muestran lo absurdo de sus operaciones en la incapacidad de definir “quién es terrorista”, “quién es el enemigo”. En grabaciones publicadas en las que se escucha a militares norteamericanos operar con drones desde las bases de control, se pueden oír expresiones como “terroristas de tamaño divertido” para referirse a los niños pakistanís, o se puede apreciar cómo muchos militares viven entusiamados la experiencia visual tipo Call of Duty que ofrece la interfaz de control. Asimismo, la población adulta masculina no es contabilizada oficialmente entre las víctimas civiles, al ser el perfil de potencial terrorista. En definitiva, la definición política del enemigo se muestra ficticia, racista e inadecuada. Esto es cuanto menos preocupante sabiendo que drones con armas no-letales (pero quién sabe cuándo con armas letales) están siendo introducidos para operaciones policiales domésticas…

No obstante, Stephen Graham resalta la extrema fragilidad de todos los aparatos mencionados a pesar de las retóricas de poder titánico con las que se las publicita: no hay nada más fácil de derribar que un helicóptero o un avión, y como se ha dicho la destrucción de un satélite puede traer consecuencias catastróficas (por ello ya se están desarrollando sistemas de protección de satélites).

En resumen, estamos ante un ensayo rico en contenido, que busca fundamentalmente mostrar la fertilidad del análisis tridimensional en geografía y urbanismo, y que nos obliga a formularnos las siguientes tres preguntas:

1) ¿Qué hacer para lograr un acceso democrático a la ciudad, acorde a nuestros cuerpos y necesidades, y no supeditada a los intereses de reproducción de una clase frente a otra?

2) ¿Cómo gestionar el hecho de haber desarrollado tecnología capaz de aniquilar al conjunto de la especie humana?

3) ¿Es posible, a estas alturas, derrotar a las clases dominantes?

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223081

Se publica “Lucha nacional y obrera en Irlanda”, una antología de James Connolly, en el marco del 80 aniversario de la batalla del Jarama

En el marco del 80 aniversario de la Batalla del Jarama que se conmemora durante los días 17 y 18 de febrero en la ciudad de Rivas-Vaciamadrid, la editorial Atrapasueños publica un libro fundamental para conocer al dirigente irlandés asesinado en 1916, del que tomó su nombre la “columna Connolly”, de la brigada Lincoln de brigadistas internacionales que vinieron a combatir en la Guerra Civil.Destacado político y sindicalista irlandés jugó un papel muy importante en el movimiento obrero irlandés de principios del siglo XX. Fusilado por su liderazgo en el Levantamiento de Pascua y la proclamación de la República de Irlanda de 1916, su obra y pensamiento políticos destacan por su coherencia a lo largo de su vida y su compromiso con la lucha nacional y obrera de Irlanda contra el colonialismo británico y el capitalismo.

Hoy, James Connolly sigue siendo uno de los principales referentes del movimiento revolucionario y es fácil encontrar referencias hacia él en todas las figuras políticas del republicanismo irlandés durante todo el siglo XX y lo que llevamos del XXI.

La selección de textos y la traducción son de Ángel Velasco, y es la primera vez que una editorial andaluza publica a James Connolly.

Con este libro y con otras iniciativas comienza la relación de cooperación de la cooperativa Atrapasueños con el Ayuntamiento de Rivas para conmemorar la batalla del Jarama, junto con una grupo de ciudadanos/as y entidades que dan forma a esta celebración: “En febrero de 2017 se cumplen 80 años de la Batalla del Jarama. Una Batalla recordada a lo largo del mundo debido a su importancia estratégica en el desarrollo de la Guerra Civil Española (GCE). Es igualmente recordada debido a la importancia en su desarrollo de la participación de las BRIGADAS INTERNACIONALES (BB.II.) encuadradas en el Ejercito Republicano”.

Fuente original: https://atrapasuenos.wordpress.com/2017/02/16/se-publica-lucha-nacional-y-obrera-en-irlanda-una-antologia-de-james-connolly-en-el-marco-del-80-aniversario-de-la-batalla-del-jarama/

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223065

La llamada de la España antifascista

Reseña del libro Breve historia de las brigadas internacionales, de Jaume Claret
El viejo topo
Jaume Claret publicó su elogiada tesis doctoral en 2006: El atroz desmoche. La destrucción de la universidad española bajo el franquismo, 1936-1945. Autor de numerosos artículos y trabajos sobre la II República española, el franquismo y la transición, en 2014 publicó, junto a Manuel Santirso, La construcción del catalanismo. Historia de un afán político. El libro que comentamos es su última publicación y el tema, esta vez, sigue siendo un asunto imprescindible para todos nosotros, los brigadistas en nuestra guerra de resistencia. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros, nos sugirió Luis Cernuda. Claret nos recuerda lo sustantivo de esta página histórica imborrable en un trabajo que no es propiamente de investigación sino de aproximación sucinta y divulgación a una temática casi inabarcable. Está dividido en una presentación y en cinco breves capítulos: 1. La creación de las brigadas internacionales. 2. Brigadistas. 3. La guerra de los brigadistas. 4. La retirada. 5. El recuerdo de las brigadas internacionales.

Unos apuntes para ubicarnos. Recordemos que las Brigadas Internacionales agruparon a voluntarios antifascistas de más de 50 países. Algunos, recuerda Claret, venían a combatir por la República en genérico, “mientras que la mayoría luchaba por ideologías concretas, todas de izquierdas, o en contra de los sublevados el 18 de julio de 1936 que contaban con apoyos fascistas” (p. 35).

1. Lo novedoso de los brigadistas.

“En 1936 España era un país marginal en el concierto internacional. Y, sin embargo, el estallido de la guerra civil fue asumido como una apelación íntima y directa por miles de jóvenes de todo el mundo. Lo novedoso no era la implicación de extranjeros en cuestiones domésticas, pues contamos con ejemplos como el de lord Byron en la guerra de independencia de Grecia, sino su número, su diversidad de orígenes y su raíz ideológica. Desde su punto de vista, la guerra española era una causa justa, era la primera etapa del enfrentamiento contra el fascismo, era la defensa de unos valores democráticos para unos, revolucionarios para otros” (p. 14)

2. Organizaciones comunistas.

“París era el epicentro de reclutamiento de voluntarios mientras que en cada país las organizaciones comunistas locales o asociaciones e instituciones de solidaridad garantizaban la capacidad del llamamiento. Así, encontramos el Centro Cultural Español de Orán o el Comité Amsterdam-Pleyel, encabezado por el comunista alemán y cuadro relevante de la Comintern, Willy Mïunzerberg (1880-1940), posteriormente convertido en antifascista y antiestalinista fallecido en extrañas circunstancias en la Francia ocupada” (p. 27).

3. Albacete como base.

“La principal base de los brigadistas se instaló en el aeródromo albaceteño de Los Llanos, a la que se sumaban otras sedes repartidas por la provincia de Albacete como La Roda, Tarazona de la Mancha y Madrigueras, y también de la provincia cercana de Cuenca, como Villanueva de la Jara. Entre estas localidades se repartieron las diferentes bases de infantería, artillería, caballería, tanques y aviación, así los diversos centros logísticos y de apoyo. La elección de Albacete se argumentó por su situación lejana de los frentes y de los grandes centros urbanos y, al mismo tiempo, equidistante y con buena comunicación con los citados frentes” (p. 29).

4. Composición y evolución.

“En la primera de 1937, tras la batalla del Jarama, se inició una reestructuración de las Brigadas, haciéndolas más homogéneas por nacionalidades… En otoño de 1937, la Comintern dio un nuevo impulso a la campaña de reclutamiento. En febrero de 1938 se logró un máximo de 1.300 voluntarios. Fue su canto del cisne. De hecho, y a pesar de mantener el nombre de Brigadas Internacionales, unidades españolas empezaron a cubrir las bajas y los traslados, pues, por ejemplo, los batallones franco-belga y alemán de la XII Brigada fueron adscritos a otras fuerzas. A finales de 1937, el 60% de los brigadistas eran, en realidad, reclutas españolas” (p. 33).

5. Número y muertos.

“Sabemos, además, que sobre el terreno nunca se superaron los 20 mil voluntarios de diciembre de 1937, pues en general las estancias fueron cortas y los relevos frecuentes. De forma estable, seguramente la cifra se situó en 15 mil. Respecto de las muertes, las bajas fueron muy altas, cercanas a los 10.000 según Víctor Hurtado. A estos deben sumarse los 7.000 prisioneros, desaparecidos y desertores, y los 13.000 evacuados. Lógicamente, la nacionalidad con más bajas fue la francesa, con 2.659, porque franceses fueron el mayor contingente de voluntarios, seguidos de los 1.053 de Alemania…” (p. 36).

6. Motivaciones.

“La principal motivación de estos voluntarios era ideológica. Así, destacan tres características; una mayoría de militantes y simpatizantes comunistas, un origen social obrero abrumador, pues tenía esta condición el 80% de los brigadistas, y en todos os casos un activo compromiso de lucha contra el fascismo”(p. 37)

7. El regreso.

“El regreso de los brigadistas a sus países de origen estuvo marcado por el enrarecida clima prebélico de la primavera y verano de 1939. En París, la bienvenida fue el último acto multitudinario que pudo organizar el Gobierno del Frente Popular francés, ya en disgregación y en retroceso. Eso no fue obstáculo para que, a la par, aquellos voluntarios que habían participado en la guerra civil española, pero no habían cumplido con el servicio militar francés, fueran sometidos a consejos de guerra. La acogida en Londres tuvo un carácter popular y políticamente abierto, con una participación destacada de los militantes del Partido laborista. En cambio, el Nueva York, la única presencia oficial fue la de la policía que rodeó tanto a los brigadistas como a los escasos familiares, amigos y simpatizantes que acudieron a la cita. Resulta llamativo el caso de Suiza, donde sus 400 brigadistas fueron condenados a penas de entre uno y seis meses” (pp. 82-83).

Si alguna nota crítica fuera necesaria cabría señalar la no referencia (no el olvido ni el desconocimiento) a uno de los grandes poemas de la literatura universal sobre los brigadistas -”1936”, Luis Cernuda- y una observación acaso mejorable (y sin duda precipitada) en los compases últimos de su presentación: “Como destaca irónicamente el historiador de la ciencia Eduard Aibar, Wikipedia es para los académicos como el porno para la población en general, todo el mundo lo usa, pero nadie lo reconoce”.

Las fuentes bibliográficas están citadas en las páginas 93-94. No hay notas a pie de página para facilitar la lectura y hubiera sido conveniente un índice nominal para cerrar este breve ensayo que merece nuestra atención, que se lee magníficamente, que está escrita con sensibilidad y conocimiento del tema, que enseña y estimula nuevas lecturas. ¿Qué más puede pedirse?

De todas las historias de la historia la historia más triste es la de España escribió el poeta. No en este caso. Esta es una de las historias más bellas y generosas (también trágica y dolorosa) de la historia de España y de la historia de la Humanidad, una gran página del libro blanco del comunismo aún por escribir. Claret recoge un poema -”El voluntario”- del padre del actor Daniel Day-Lewis, Cecil Day-Lewis militante comunista en aquellos años, que nos ayuda a captar esta grandeza: “[…] No fue ni engaño ni estupidez,/ gloria, venganza ni dinero/ vinimos porque nuestros ojos abiertos/ no veían otro camino/ No había otra manera de mantener/ el parpadeo de la verdad de los hombres encendida:/ las estrellas serán testigo de que nuestra causa/ ardió más breve, pero no con menos luz”.

antifac

Breve historia de las brigadas internacionales, Jaume Claret

Los Libros de la Catarata, Madrid, 2016,

94 páginas.

Prólogo de Antonio Selva Iniesta y Juan Sisinio Pérez Garzón.

Fuente: El Viejo Topo, diciembre de 2016

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222882

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Las Patronas o la multiplicación de los panes

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Foto: Sobre estas líneas, Bernarda Romero

Un acontecimiento luminoso dentro de la negrura de las malas noticias es el estreno del documental Llévate mis amores, dirigido por tres chavos –todos menores de 30 años– que querían reactivar una radio comunitaria en Paso del Macho, Veracruz, y se quedaron impactados ante Las Patronas: Arturo González Villaseñor, entonces de 25 años; Antonio Mecalco, fotógrafo también de 25, e Indira Cato, la productora de 20 años que entregó seis años de su vida al proyecto. Consiguieron una maravillosa editora, Lucrecia Gutiérrez Mopomé, la única mayor, de 50 años. Ya había reportajes televisivos sobre La Bestia y los migrantes, pero ellos decidieron centrarse en el trabajo de Las Patronas e hicieron la película con un equipo prestado. Pagaron sus propios viajes al paraje La Patrona, en el municipio de Amatlán de los Reyes, y durante la filmación ayudaron a preparar las bolsas y comieron lo que preparaban sus entrevistadas. Llévate mis amores demuestra que si nuestro país quedara en manos de jóvenes de este calibre, otro gallo nos cantara.

Un mediodía de 1995, Bernarda Romero, quien nunca se casó, y Rosa Romero, que dice todo lo que piensa, regresaban a casa con sus bolsas del mandado, y al pasar cerca de la vía del tren escucharon voces de hombres asidos a un vagón: Tengo hambre. Se acercaron al tren y tendieron sus bolsas de plástico a varias manos ansiosas. A partir de ese momento idearon preparar arroz y frijoles, llenar bolsas de plástico y añadir botellas de agua hervida al paso del tren. Levantar en lo alto el lunch providencial que saciaría el hambre de un desconocido. Se les unió Guadalupe González Herrera, chaparrita que acostumbra decirles adiós con la mano hasta que desaparece el tren; Leonila Vásquez, la matriarca de 70 años, y su nieta Karla Aguilar, así como Daniela Romero, sobrina de Norma y Rosa, quien se quiere ir a Estados Unidos para mantener a sus hijos. Todas son familia. Lorena Aguilar fue al hospital a ver al migrante Jesús, quien perdió las dos piernas en el tren, y concluye: Si este chavo dice que le va a echar ganas y no se rinde, tampoco yo me voy a rendir. Otras amigas se les unieron y desde entonces 13 mujeres alimentan al hambriento que va a Estados Unidos, país que confunde con el paraíso.

Llévate mis amores es la opera prima de los tres jóvenes; se estrenó en noviembre de 2014 en el Festival de los Cabos y ahora sale con 15 copias en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Antes, la película se enseñó en sitios pocos comunes, plazas públicas y foros estudiantiles. El festival Ambulante primero dijo que sólo les daría cierto número de proyecciones, pero al ver la respuesta de los espectadores las aumentó y la película ha estado en más de 60 festivales. Hoy, por primera vez entra a corridas comerciales. Los chavos tardaron cuatro años en filmarla y durante dos años sólo la presentaron en festivales que terminan con una sesión de preguntas. Los chavos han ganado el premio del Público.

Llévate mis amores no sólo expone el grave peligro que corre la migración centroamericana en su paso por México, sino que evidencia las historias de cada una de Las Patronas, mujeres que saben del trabajo en el campo y de la lucha por sacar adelante a sus hijos y abrirles camino en un país y un estado marcados por el narcotráfico y la violencia. Es curioso que cuando el director Arturo González Villaseñor les pide que se definan enumeran sus defectos, jamás presumen, no tienen conciencia de su heroísmo. Cada una practica sin saberlo aquello de no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.


Foto: El documental Llévate mis amores sale con 15 copias en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.

La historia de Norma Romero define a este manojo de mujeres que alivian el hambre de los migrantes en su paso por México. En 1997 una hondureña llamó a su puerta porque a su novio –picado con un picahielo en el tren– no querían recibirlo en ningún hospital. Norma y sus hermanas lo cuidaron en su casa durante más de 20 días y Norma se dio cuenta de la discriminación que sufren los migrantes. Se dirigió al Instituto Nacional de Migración para informarse, ya que por miedo muchas mujeres temen ayudar para no meterse en problemas con la autoridad.

La peor amenaza a la que se enfrentan Las Patronas es a la del crimen organizado.

Veracruz, convertido en una inmensa fosa desde hace dos sexenios, es hoy un infierno como Michoacán. A la llamada “guerra contra el narco” del sexenio de Felipe Calderón hay que añadirle las administraciones corruptas de Fidel Herrera y Javier Duarte. Entre 2006 y 2012 se registraron mil 714 asesinatos en Veracruz y en los primeros dos años del gobierno de Peña Nieto la cifra alcanzó 2 mil 189 ejecuciones. El viernes 7 de octubre fueron hallados los cuerpos de cinco jóvenes desaparecidos y el colectivo Solecito, formado por un grupo de madres de desaparecidos descubrió el 5 de septiembre de este año 75 fosas clandestinas en el puerto de Veracruz.

En medio de la barbarie, la generosidad de Las Patronas es un oasis en el desierto para los cientos de migrantes que al estirar su mano reciben pan y agua. Las Patronas llevan vida a los rieles de la muerte. Una jovencita, Karla, domina su miedo y se persigna antes de tender sus bolsas de plástico. Muchas bolsas caen al suelo. Agua, arroz, frijol, aceite, tortillas y pan, el trajín empieza temprano, porque hay que llenar cada bolsa de modo que alcance para todos. Encender el fuego después de juntar la leña, sacar agua del pozo, lavar las botellas como hace José Luis Aguilar, esposo de Antonia Romero, llenarlas y cargar los carritos de mandado hasta la vía es una imagen que no desmerece ante la de la multiplicación de los panes y los peces, y nos recuerda al México de las grandes hazañas ante la catástrofe.

La solidaridad se ha ampliado a los vecinos que traen aceite, arroz o frijol, y las colectas entre alumnos de la Universidad Veracruzana, así como el supermercado Chedraui de Córdoba, que se comprometió a donar sus sobrantes de pan tres veces por semana.

El padre Alejandro Solalinde, fundador del albergue para la atención del migrante en Ixtepec, Oaxaca, y fray Tomás González, fundador del de Tenosique, Tabasco, han denunciado que quienes ayudan a los migrantes sufren discriminación de la jerarquía eclesiástica que no reconoce ni apoya esta labor. Pero esto no amedranta a Las Patronas, una de ellas afirma que su labor está en las vías, no entre los muros de una iglesia.

Según varios organismos de derechos humanos, cada año pasan por México cerca de 400 mil migrantes centroamericanos rumbo a Estados Unidos. En el camino son víctimas de secuestro, extorsión, violencia y muerte no sólo del crimen organizado, sino de las autoridades migratorias de México, que los entregan a grupos criminales. Ante la infamia se erigen Las Patronas que nos demuestran que no todo está perdido.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/10/16/opinion/a03a1cul#texto

“Colectividades y revolución social. El anarquismo en la guerra civil española (1936-1939)” de Walther L. Bernecker

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Jesús Aller Rebelión El bávaro Walther Ludwig Bernecker (Dollnstein, 1947), especializado en historia de España, Portugal y Latinoamérica, dedicó su tesis doctoral, publicada en alemán en 1978 y en castellano, con algunas adiciones, en 1982 (Crítica, trad. de Gustau Muñoz), … Sigue leyendo