La senda de la carnicería: La guerra contra los monopolios en la economía de Trump

Vídeo

En este episodio de Keiser Report, Max y Stacy hablan de la senda de la “carnicería estadounidense” por la que se ha llegado a la presidencia de Trump. En la segunda parte, Max y Stacy analizan el OxyCartel, responsable de extender millones de pastillas de prescripción por pequeñas ciudades de todo Estados Unidos.

El episodio inicia con un paseo de los presentadores por la senda del American Tobacco Trail, en el estado de Carolina del Norte, EE.UU. De esta forma, han querido destacar a una de las mayores compañías estadounidenses y uno de los miembros originales del Promedio Industrial Dow Jones.

La prohibición de los monopolios

Los presentadores destacan que “la máquina de liar cigarrillos” del American Tobacco Trail le permitió “producir en serie grandes cantidades de cigarrillos y destruir a la competencia”, un hecho que obligó a varios políticos a aprobar la ley de Derecho de la competencia que impidió la futura creación de los monopolios.

En la actualidad, según Max Keiser, existen productos como el iPhone que han sido considerados como “altamente adictivos”. “¿Será Trump un nuevo Theodor Roosevelt que los persiga?”, se pregunta el presentador, quien considera que en 2017 se han reconstruido varios oligopolios y monopolios, que “son más poderosos que antes gracias a que la competencia consiste en unos 4 o 5 grandes agentes a nivel mundial”.

La diferencia entre el Obamacare y la AHCA

En la segunda parte del programa, Keiser toca el tema del AHCA, la reforma sanitaria de Trump que pretende derrumbar el proyecto Obamacare. “La diferencia entre el Obamacare y el AHCA es de 24 millones de personas sin seguro médico”, sostiene el presentador, quien destaca que “aunque se mantuviese el Obamacare, habría 28 millones de personas que perderían su seguro para 2026”.

Al finalizar el programa, los presentadores abordan el tema de la adicción a los fármacos, que se convierten en drogas letales y que han matado a miles de ciudadanos por sobredosis. Keiser destaca que saber que “hay un protagonista crucial en esta matanza masiva de estadounidenses” es “bastante perturbador”.

https://actualidad.rt.com/programas/keiser_report/234135-keiser-report-senda-carniceria-ahca-obamacare

“Los que revelaron las mentiras del general Flynn cometieron un delito grave, pero justificable”

Entrevista a Glenn Greenwald

Democracy Now!

“Las amenazas de Trump contra los informantes que filtraron la información suenan muy parecido a lo que han dicho la mayoría de los demócratas en los últimos ocho años cuando solicitaban el encarcelamiento de Chelsea Manning, de Thomas Drake, de Edward Snowden y de una larga lista de informantes y filtradores que el presidente Obama tan agresiva y vengativamente procesó.”

Mientras los demócratas y algunos republicanos del Congreso de EE.UU. están solicitando investigaciones de los vínculos del presidente Trump con Rusia, Trump se concentró en gran medida en perseguir a los que filtraron la información a la prensa. El lunes, el asesor de seguridad nacional de Trump fue obligado a renunciar, después de que el periódico Washington Post informara sobre las filtraciones de datos de inteligencia clasificados, que revelan que Flynn había mantenido conversaciones con el embajador ruso ante Estados Unidos durante el período de transición, mientras Barack Obama todavía era presidente. En un tuit publicado esta mañana, Trump escribió “¡Finalmente la atención se ha centrado en los filtradores de baja calaña! ¡Serán atrapados!” El miércoles, escribió “¿La comunidad de los servicios de inteligencia (NSA y FBI) les están dando información de manera ilegal a los fracasados @nytimes y @washingtonpost? Igual que Rusia”.
Para saber más de este tema, puede ver la entrevista que le hicimos a Glenn Greenwald. Greenwald del sitio The Intercept es ganador del premio Pulitzer al periodismo.

TRANSCRIPCIÓN

(Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.)

NERMEEN SHAIKH: Pasamos ahora a analizar el creciente escándalo debido a las supuestas relaciones del gobierno de Trump con Rusia antes y después de las elecciones de noviembre. En las últimas 24 horas han tenido lugar una serie de acontecimientos. El periódico The Wall Street Journal informa que funcionarios de inteligencia de EE.UU. están ocultando información confidencial del presidente Trump porque están preocupados de que [dicha información] se filtre o se vea comprometida. El periódico The New York Times ha informado que Trump está considerando la posibilidad de imponer un control sobre las agencias de inteligencia estadounidenses dirigido por Stephen Feinberg, un multimillonario ejecutivo de capital privado, cercano a Stephen Bannon y Jared Kushner.

Mientras tanto, Trump ha defendido públicamente a Michael Flynn, quien renunció el lunes como asesor de seguridad nacional después de admitir que ofreció al vicepresidente Mike Pence y a otros información incompleta sobre sus llamadas con el embajador de Rusia en diciembre. Trump habló sobre Flynn durante su rueda de prensa conjunta con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

PRESIDENTE DONALD TRUMP: Michael Flynn, el general Flynn, es un hombre maravilloso. Creo que ha sido tratado muy injustamente por los medios de comunicación, o como yo los llamo, los medios de comunicación falsos, en muchos casos. Creo que es realmente triste que fuera tratado tan mal. Además, creo que los servicios de inteligencia están filtrando documentos. Se están filtrando cosas. Es un acto delictivo. Un acto criminal. Y esto ha estado ocurriendo durante mucho tiempo, antes de que yo [fuera presidente]. Pero ahora está empeorando. Y la gente está tratando de encubrir la terrible derrota que los demócratas sufrieron con Hillary Clinton. Creo que es muy, muy injusto lo que le ha pasado al general Flynn, la forma en que fue tratado y los documentos y los papeles que fueron ilegalmente, y hago hincapié en ello, ilegalmente filtrados. Muy, muy injusto.

AMY GOODMAN: Los comentarios de Trump se produjeron apenas un día después de que el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijera que Trump había perdido la fe en el general Flynn.

SEAN SPICER: Este fue un acto de confianza. El problema era si engañó realmente o no al vicepresidente. Y eso fue lo que en última instancia condujo al presidente a pedir y aceptar la dimisión del general Flynn. Así fue, pura y simplemente. Fue una cuestión de confianza.

NERMEEN SHAIKH: Mientras que legisladores demócratas y algunos republicanos están presionando para que se investiguen los lazos de Trump con Rusia, Trump se ha centrado mayormente en perseguir a aquellos que han filtrado información a la prensa. Esta mañana, Trump escribió en un tuit: “¡Finalmente se está poniendo en el punto de mira a los filtradores de baja calaña! ¡Serán capturados!”. El miércoles, Trump acusó indirectamente a la NSA y al FBI de estar detrás de las filtraciones. Él escribió: “La comunidad de inteligencia (¿La NSA y el FBI?) está ilegalmente ofreciendo información a los fracasados @nytimes y @washingtonpost. Como [en el asunto de] Rusia”.

AMY GOODMAN: Algunos partidarios de Trump, incluyendo la web Breitbart News, han acusado a los servicios de inteligencia de tratar de librar un “golpe de Estado por parte de un gobierno en la sombra” contra el presidente. Mientras tanto, algunos de los detractores de Trump están celebrando abiertamente dicha actividad. Bill Kristol, el destacado analista republicano que fundó la revista The Weekly Standard, escribió en Twitter lo siguiente: “Sin duda, prefiero firmemente la política democrática y constitucional normal. Pero llegados al punto, preferiría al ‘Gobierno en la Sombra’ antes que al ‘Gobierno Trump'”.

Para ayudarnos a entender lo que está sucediendo, nos acompaña el periodista ganador del premio Pulitzer Glenn Greenwald, uno de los fundadores del portal periodístico The Intercept. Su artículo más reciente lleva por título: “Los informantes que expusieron las mentiras del general Flynn cometieron un delito grave (y completamente justificable)”.

Glenn, bienvenido a Democracy Now! Explique a qué se refiere.

GLENN GREENWALD: No cabe duda de que quienquiera que filtrara el contenido de las llamadas telefónicas del general Flynn con el embajador de Rusia y con otros diplomáticos rusos cometió un delito que las leyes consideran extremadamente grave. Como todos sabemos desde los últimos ocho años bajo la presidencia de Obama, el gobierno de Estados Unidos trata como un acto criminal, un delito grave, el filtrar información que se considere confidencial. En el esquema de lo que se considera como delito penal en cuanto a filtraciones, la más grave o una de las más graves piezas de información que pueden ser filtradas son lo que se conoce como inteligencia de señales, o información recogida por la NSA o la CIA u otros organismos de inteligencia en cuanto a espionaje a gobiernos extranjeros. Y eso es exactamente lo que se filtró, información que la NSA y la CIA dijeron que recopilaron como resultado de espiar a funcionarios rusos. Y a lo largo del transcurso de esas escuchas, escucharon por casualidad las conversaciones del general Flynn con esos funcionarios rusos. Eso es lo que dicen. Es posible que en verdad el general Flynn fuera el objetivo. No lo sabemos. Eso es lo que ellos dicen. Y si lo que dicen es cierto, significaría que la filtración de esta información se considera un delito muy grave. De hecho, la ley dice que no se trata solo de que quienquiera que filtre la información confidencial sea culpable de delito grave, sino también cualquier persona que lo publique. Por lo tanto, en teoría, esto hace que los periodistas de The New York Times, The Washington Post, de la cadena de noticias NBC, habiendo todos filtrado información confidencial, sean culpables de delitos graves. Mi opinión es que la cláusula de la Primera Enmienda sobre la libertad de prensa impediría tales enjuiciamientos, pero al menos bajo la ley, se trata de un delito.

Entonces, la pregunta se convertiría en: Bien, si es un delito penal, ¿es justificable? Y mi opinión es la misma que he tenido durante los ocho años de presidencia de Obama y durante los años antes de eso, durante el gobierno de Bush, y es que la gente dentro del gobierno que filtra información confidencial que el público tiene derecho a conocer, aun si están violando la ley, están actuando de manera elogiable, justificada y heroica, y esas personas deben ser conmemoradas y tratadas como gente que defiende la democracia y la transparencia, no como criminales. Por desgracia, a lo largo de los últimos ocho años, los demócratas han tenido un punto de vista completamente diferente sobre la gente que ha filtrado información confidencial. Y el tuit que usted acaba de leer del presidente Trump diciendo que quienquiera que filtrara esa información son filtradores de baja calaña que merecen ser castigados, suena muy, muy, muy parecido a todo lo que he estado escuchando por parte de la mayoría de los demócratas en los últimos ocho años cuando solicitaban el encarcelamiento de Chelsea Manning, de Thomas Drake, de Edward Snowden y de una larga lista de tantos otros informantes y filtradores que el presidente Obama tan agresiva y vengativamente procesó. Respecto a mí, mi punto de vista no ha cambiado, y es el siguiente: cuando un funcionario de un nivel tan alto como el general Flynn miente al público, que es lo que hizo, negar públicamente que trató el tema de las sanciones con el embajador de Rusia en su llamada telefónica de diciembre, la información que demuestra que mintió es información que el público tiene derecho a conocer. Y a pesar de que creo que hay peligros muy graves y grandes preocupaciones, que espero que debatamos, en términos de lo que el ‘Estado en la Sombra’ está haciendo en un intento de destruir el gobierno de Trump, que fue debidamente elegido, en este caso en concreto, quienquiera que filtrara esta información ayudó a la sociedad a entender y a conocer exactamente cómo mintió el general Flynn, y por consiguiente, a pesar de ser ilegal, altamente ilegal, yo creo de hecho es algo que también está completamente justificado, como he escrito en mi artículo.
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Traducido por Carolina Flórez. Editado por Igor Moreno y Democracy Now! en Español.

Fuente: http://www.democracynow.org/es/2017/2/16/glenn_greenwald_on_flynn_russia_leaks

“Estamos listos para poner nuestros cuerpos entre los sioux y las fuerzas militares”

Solidaridad de veteranos de guerra
Desinformémonos
Veterans gather for a briefing inside of the Oceti Sakowin camp during a snow fall as  water protectors  continue to demonstrate

Veterans gather for a briefing inside of the Oceti Sakowin camp during a snow fall as water protectors continue to demonstrate

Cada vez más veteranos se dirigen voluntariamente a Standing Rock para formar una barrera entre los agentes de la Policía y los activistas sioux que protestan contra el oleoducto Dakota Access.“Estamos listos para poner nuestros cuerpos entre los sioux y las fuerzas militares privadas”, afirma al periódico ‘The Guardian’ Elizabeth Williams, una agente de las Fuerzas Armadas de EE.UU. que ha llegado en estos días a la Reserva India de Standing Rock junto con un grupo de voluntarios con experiencia militar para servir de barrera humana entre los activistas sioux y cuerpos de policías desplazados para dispersarlos.

El creciente grupo de veteranos militares podría hacer más difícil para la policía y funcionarios del gobierno el tratar de eliminar a cientos de activistas que permanecen acampados cerca del sitio de la construcción del oleoducto y lo cual da la esperanza de que pueden detener el uso de la fuerza por parte de la policía durante las manifestaciones.

“Sentimos la responsabilidad de utilizar las habilidades que tenemos”, añade Williams, que forma parte de un número cada vez más grande de estadounidenses experimentados en el campo militar que llegan a la localidad de Cannon Ball, ubicada en el estado de Dakota del Norte o ya se encuentran allí tras el reinicio de las obras de construcción del polémico oleoducto Dakota Access, autorizado por el presidente Donald Trump.

“No venimos como combatientes sino como protectores”, afirmó al mismo medio Jake Pogue, un voluntario. Otros también destacan su disposición para desempeñar el papel de agentes de la paz en las manifestaciones que se realizan en Standing Rock.

Distintos participantes de estas actividades voluntarias aseguran que para los veteranos de las guerras en Vietnam y Oriente Medio es una especie de “sanación” prestar su ayuda a los sioux o se refieren a la lamentable historia de la tribu, aseverando que “por fin” hay militares estadounidenses que llegan al territorio de los sioux para ayudarlos en vez de matar a los indígenas.

No se sabe cuántos veteranos pueden llegar a Standing Rock pero algunos organizadores estiman hay decenas en camino, mientras que otros activistas están prometiendo que cientos podrían aparecer en las próximas semanas. Un estimado de mil veteranos ya viajó a Standing Rock desde diciembre, cuando la administración Obama anunció que estaba negando un permiso clave para la compañía petrolera lo cual significó una enorme victoria para la tribu.

Dakota Access es un proyecto de 3.800 millones de dólares que pretende llevar diariamente medio millón de barriles de petróleo desde yacimientos de Dakota del Norte hasta una infraestructura ya existente en el estado de Illinois. Los opositores a la iniciativa afirman que la tubería puede dañar lugares de gran relevancia cultural para la tribu sioux en la reserva Standing Rock, al mismo tiempo que representa un gran peligro ambiental al tener previsto que cruce el río Missouri.

Con información de RT y The Guardian

foto: The Guardian

Fuente: http://desinformemonos.org/estamos-listos-poner-cuerpos-los-sioux-las-fuerzas-militares-veteranos-guerra-eu/

El muro de Trump obliga a México a mirar al sur

Hispantv

La máxima atribuida al ex presidente mexicano Porfirio Díaz, respecto a la cercanía con su vecino del norte “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” se hace presente más de un siglo después, para resumir la situación actual que vive el pueblo mexicano con las medidas económicas, migratorias y políticas tomadas por el mandatario estadounidense Donal Trump.

Como cruel paráfrasis, en este año 2017, encontramos a este Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de un Donald Trump, decidido a ampliar un muro de segregación que separe aún más las sociedades de Estados Unidos y México y con ello bloquear la posibilidad del ingreso de miles de inmigrantes, en busca de mejores condiciones de vida allende el Río Bravo del Norte.

El Muro de Trump es lisa y llanamente, la expansión de una construcción que comenzó a ser levantada bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton el año 1994, en el marco de la denominada Operation Gatekeeper – Operación Guardian – con el declarado objetivo de detener la ola migratoria que venía desde el sur del continente, atrayendo al “sueño estadounidense” a cientos de miles de hombres y mujeres de América Central y México, principalmente.

Un muro sin color político

La Operation Gatekeeper, bajo la administración Clinton, significó el crear la primera etapa constructiva de este muro, que recorriera toda la frontera sur estadounidense con México, de tal forma de unir a esa estructura, la acción de patrullas fronterizas y el uso de los más adelantados ingenios tecnológicos en materia de vigilancia fronteriza. Hasta hoy, los sectores construidos son aquellos que dividen a California del estado mexicano de Tijuana, Arizona de Sonora, Nuevo México de Baja California y Texas de Chihuahua y Coahuila. Muro que bajo las administraciones del republicano George W. Bush y el demócrata Barack Obama significaron duplicar su extensión, hasta llegar a los 2.500 kilómetros actuales.

Un muro dotado de luces de altísima potencia, radares, sensores electrónicos, cámaras de visión nocturna, detectores de movimiento, junto a la puesta en marcha de un cuerpo de elite militar, entrenados en materias de combate a la inmigración y a los cuales se les dotó de patrullas todoterreno, helicópteros y facultades legales que han merecido la repulsa de organizaciones de defensa de los derechos humanos. Todo ello unido a las políticas de deportación que significaron expulsar del país a tres millones de personas. El planeamiento de la segregación no distingue colores políticos en Estados Unidos, no hay diferencias entre demócratas y republicanos cuando llegar la hora de encontrar culpables de la violencia, del narcotráfico, del desempleo.

En 23 años de vida este muro, en un total de límites fronterizos terrestres entre México y Estados Unidos de 3.240 kilómetros, se ha cobrado la vida de 11.500 inmigrantes. Un promedio de 500 muertes anuales, ya sea a manos de los guardias fronterizos estadounidenses, los asesinatos a manos de las mafias que obtienen jugosas ganancias al cruzar gente por la frontera y que los abandonan al ser descubiertos. Muertes por deshidratación al cruzar el desierto que separa ambos países, ahogados en los cursos de ríos o asfixiados durante el cruce en vehículos abarrotados de hombres mujeres y niños.

Para aquellos, que sólo hace un par de meses conmemoraban los 27 años de la caída del Muro de Berlín el año 1989, como uno de los grandes triunfos de la democracia occidental, olvidan con pasmosa facilidad que las muertes originadas por el muro de segregación estadounidense ha generado, en este casi cuarto de siglo, 40 veces más muertes que los 28 años del Muro de Berlín. Hoy, tras el primer mes de gobierno de Donald Trump, la política de segregación ha cobrado nuevos bríos pero, insisto, no es una política nueva, es simplemente la verbalización más estruendosa de lo que los gobiernos demócratas y republicanos venían haciendo. La idea hoy es construir otros mil kilómetros de muros y vallas, haciendo más difícil el ingreso a Estados Unidos, generando para ello un marco legal duro y restrictivo, que implique la deportación de millones de personas.

Donald Trump sostiene que va a construir su muro, que en un porcentaje importante ya es una realidad, lo que implica, en esencia, ampliarlo y para ello gastará varios miles de millones de dólares bajo el supuesto, que ese costo, deberá reembolsarlo la víctima principal de esta política racista: México. En declaraciones efectuadas a la cadena ABC News el magnate sostuvo: ““Todo se nos reembolsará, en una fecha posterior, con cualquier transacción que hagamos con México. Sólo le digo que habrá un pago, que sucederá de alguna forma, quizás una forma complicada, lo que estoy haciendo es bueno para Estados Unidos, también va a ser bueno para México. Un México muy estable y muy sólido”; hasta ahora, más allá de negativas respecto a hacerse cargo del pago de su propia soga para ahorcarse, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto no ha sido capaz de enfrentar con dignidad esta altanería de Trump.

Lo novedoso de la medida del magnate devenido presidente, de impedir el ingreso de inmigrantes, expulsar a otros, es unir a lo sostenido, la decisión de revisar el Tratado de Libre Comercio firmado con México. Es decir, un paquete explosivo que ha generado la justa indignación del pueblo mexicano, que con su movilización está obligando, muy a su pesar al débil e indigno gobierno de Enrique Peña Nieto, a mostrarse más resuelto en sus reclamos contra Washington. Donald Trump seguirá haciendo lo que gobiernos anteriores han efectuado, seguir construyendo y extendiendo lo que ya está en pié. Tal vez lo amplie hasta cubrir toda la frontera con México, lo hará más alto, dotado de mayor vigilancia, el uso de drones y contratar más guardias fronterizos, con medidas más duras, pero nada que México no esté sufriendo ya.

Entonces, si esta conducta de Estados Unidos respecto a México en materia migratoria y de control fronterizo tiene ya casi un cuarto de siglo y ha significado un férreo control de la “border patrol”, la muerte de 11.500 inmigrantes y una imagen mostrada como negativa de nuestros inmigrantes por la sociedad estadounidense ¿qué lo hace diferente con Donald Trump? El análisis discursivo ayuda en resolver esta interrogante y esa exploración muestra que Donald Trump, a diferencia de sus antecesores tiene escaso filtro, cero diplomacia y ningún interés en respetar a su vecino y menos aún a los pueblos que conforman Latinoamérica, que es el origen del grueso de los inmigrantes, preponderantemente centroamericanos y mexicanos. Y eso lo dice no a sotto voce o haciéndose el presidente amigable de Latinoamérica, no, Trump dice que desprecia a sus vecinos del sur y no lo oculta y lleva adelante sus medidas así sea calificado como payaso, loco o déspota.

Donald Trump se ha encargado una y otra vez de expresar su desprecio a los mexicanos y con ello al mundo latino. Para Trump los mexicanos “no son nuestros amigos. Nos está ahogando económicamente”. “Cuando México nos manda gente, no nos mandan a los mejores. Nos mandan gente con un montón de problemas, que nos traen drogas, crimen, violadores…”.”No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que dejen de estafar a EE.UU”. “México no se aprovechará más de nosotros. No tendrán más la frontera abierta. El más grande constructor del mundo soy yo y les voy a construir el muro más grande que jamás hayan visto. Y adivinen quién lo va a pagar: México”. Ese es el sentir de Donald Trump, sin ambigüedad alguna.

No cabe duda que estas referencias, dichas una y otra vez, reiteradas y reafirmadas cada vez con más virulencia, no pueden generar más que la indignación y el levantamiento unánime de nuestros pueblos. Un mínimo de dignidad así lo exige, incluso a presidente de características tan genuflectas como el mandatario mexicano, que en su propia casa recibió al otrora candidato presidencial Donald Trump para que le dijera en su cara, frente a todo el mundo que México debería pagar el muro que él construiría para impedir su ingreso a su país. Trump, sin obtener respuesta alguna de Peña Nieto, le dijo, en su propia cara, que era un indeseable, que Estados Unidos estaría mejor sin una relación con este vecino pobre y sinvergüenza que sólo se aprovechaba de los tratados comerciales, que para los ciudadanos estadounidenses no tenían beneficio alguno. Pero, no sólo eso, que esa condición además tenía una imposición, construir sus propias cadenas y grilletes. Una vergüenza nacional y regional indudable, que obliga a todo un continente a responder en forma digna, soberana y valiente a Trump.

Nuestro norte es el sur

Para analistas del continente y en especial mexicanos, como Alejandro Gutiérrez Castañeda del medio azteca Proceso, “Inevitablemente, México y Estados Unidos seguirán siendo vecinos, pero el gobierno de México ya no podrá recurrir a la retórica política acomodaticia de llamarnos “socios estratégicos” o “países amigos”, porque está claro que no lo son, y que es hora de guardar en el cajón el lenguaje político habitual, además del cambio de políticas, estrategias y planes. También será oportuno revisar las alianzas o planes que se hacen con otros países, por cierto, prácticamente todos mantuvieron un temeroso silencio ante lo que pasa México con Trump, sobre contadas excepciones. Fue un silencio que se volvió, incluso, en cómplice de las políticas de Trump”. Efectivamente, esta conducta se mantuvo durante las primeras semanas de asumir Donald Trump, que ha ido sufriendo ligeras pero significativas variaciones de condena a la conducta imperial del mandatario estadounidense.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su primer mes de mandato ha hecho realidad aquellas premoniciones, que hablaban de un período de abierta incertidumbre sobre el futuro de las relaciones entre México y Estados Unidos, sobre todo en el aspecto comercial, que implica el hecho que México destina el 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense. Esa realidad ha obligado a la nación azteca a mirar otros horizontes, a dejar de pensar y soñar con el norte y repensarse en la región de la cual nunca debió haber salido: Latinoamérica y en ese plano, para sortear las amenazas del Muro y la nueva política de aranceles que quiere implementar Trump, la ejecución del denominado proyecto Transísmico es una excelente alternativa en la búsqueda de nuevos mercados para el rico mercado mexicano.

Un proyecto interesante que implica construir un corredor ferroviario y vial entre el Golfo de México y el Océano pacífico en la parte más angosta del territorio mexicano. Un canal “seco” que implicaría construir líneas ferroviarias para el transporte de mercancías y una autopista de alta velocidad. En la necesaria inversión de este megaproyecto, México puede tener en perspectivas socios que estarían dispuestos a entrar en un mercado como el mexicano: potencias como China y la Federación Rusa e incluso la República islámica de Irán que ya ha generado importantes acuerdos comerciales con países como Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador entre otros. Recordemos que el tránsito entre los océanos Atlántico y Pacífico está en el centro de acuerdos comerciales latinoamericanos como es el caso del canal de Nicaragua con aportes chinos y proyectos que implican igualmente a Guatemala. Frente a un panorama adverso las oportunidades pueden fijarse en otras latitudes.

La solidaridad regional se ha dejado sentir con fuerza, con expresiones de apoyo de mandatarios de espectros políticos diversos, pero que ven en la política de Estados Unidos una amenaza a todo el continente. Así, Evo Morales de Bolivia se ha unido a Mauricio Macri, Presidente de Argentina en sus expresiones de solidaridad, apoyo y crítica a las políticas migratorias y económicas estadounidenses respecto a México. El canciller ecuatoriano Guillaume Long, por su parte, preocupado también por la suerte de un millón de ecuatorianos residentes en Estados Unidos ha declarado que “es importante que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe – CELAC – puedan alzar su voz en común frente a la política migratoria de Trump”.

Nuestro continente requiere alzar su voz, expresar su indignación frente a la conducta impresentable del presidente estadounidense. Políticos y ciudadanía dando a conocer su rechazo a un mandatario racista. México a su vez, tiene el deber de exigir a sus políticos y mandatario dar dura lucha a esta conducta imperial estadounidense. Obligar a Peña Nieto a mirar más al sur, que a ese norte “revuelto y brutal” que lo desprecia”. Lo que sostengo implica y obliga, sobre todo, ir al fondo de las razones que inducen a millones de seres humanos a emigrar, a buscar mejores perspectivas de vida allende sus países. Pero, no podemos quedarnos en el diagnóstico sino que trabajar por solucionarlas, con cirugía mayor en la gobernabilidad de nuestros pueblos, en la erradicación de conductas nocivas como la corrupción y el contubernio negocios y política. Si ello no es así, el Rio Bravo del Norte seguirá siendo cruzado por millones de espaldas mojadas.

Resulta paradójico, que en el marco de la globalización, que suponía ampliaría las relaciones entre los países, abriría las fronteras, permitiendo así el libre flujo de seres humanos, lo único que tiene esa libertad en este tercer lustro del siglo XXI son los capitales financieros. Ellos se mueven sin restricciones. Viajan de país en país sin pedir permiso, sin mostrar pasaportes y sin que se considere que color de piel, que raza, que ideología o que religión posee. No hay muros que lo detengan y sobre eso, Donald Trump sabe mucho.

Fuente original: http://www.hispantv.com/noticias/opinion/333450/articulo-mexico-muro-trump-pena-nieto

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223102

EE.UU-México. El muro de Trump obliga a Mèxico a mirar al Sur

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Por Pablo Jofré Leal, Hispan TV, Resumen Latinoamericano, 17 febrero 2017.-La máxima atribuida al ex presidente mexicano Porfirio Díaz, respecto a la cercanía con su vecino del norte “Pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos” se hace presente más de un siglo después, para resumir la situación actual que vive el pueblo mexicano con las medidas económicas, migratorias y políticas tomadas por el mandatario estadounidense Donal Trump.

Como cruel paráfrasis, en este año 2017, encontramos a este Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de un Donald Trump, decidido a ampliar un muro de segregación que separe aún más  las sociedades de Estados Unidos y México y con ello bloquear la posibilidad del ingreso de miles de inmigrantes, en busca de mejores condiciones de vida allende el Río Bravo del Norte.

 El Muro de Trump es lisa y llanamente, la expansión de una construcción que comenzó a ser levantada  bajo el gobierno del demócrata Bill Clinton el año 1994,  en el marco de la denominada Operation Gatekeeper – Operación Guardian –  con el declarado objetivo de detener la ola migratoria que venía desde el sur del continente, atrayendo al “sueño estadounidense” a  cientos de miles de hombres y mujeres de  América Central y México, principalmente.

 

Un Muro Sin Color Político

 La Operation Gatekeeper,  bajo la administración Clinton, significó el crear la primera etapa constructiva de este muro, que recorriera toda la frontera sur estadounidense con México, de tal forma de unir a esa estructura, la acción de patrullas fronterizas y el uso de los más adelantados ingenios tecnológicos en materia de vigilancia fronteriza. Hasta hoy, los sectores construidos son aquellos que dividen a California del estado mexicano de Tijuana. Arizona de Sonora, Nuevo México de Baja California y Texas de Chihuahua y Coahuila. Muro que bajo las administraciones del republicano George W. Bush y el demócrata Barack Obama significaron duplicar su extensión, hasta llegar a los 2.500 kilómetros actuales.

 

Un muro dotado de luces de altísima potencia, radares, sensores electrónicos, cámaras de visión nocturna, detectores de movimiento, junto a la puesta en marcha de un cuerpo de elite militar, entrenados en materias de combate a la inmigración y a los cuales se les dotó de patrullas todoterreno, helicópteros y facultades legales que han merecido la repulsa de organizaciones de defensa de los derechos humanos. Todo ello unido a las políticas de deportación que significaron expulsar del país a tres millones de personas.  El planeamiento de la segregación no distingue colores políticos en Estados Unidos, no hay diferencias entre demócratas y republicanos cuando llegar la hora de encontrar culpables de la violencia, del narcotráfico, del desempleo.   

 

En 23 años de vida este muro, en un total de límites fronterizos terrestres entre México y Estados Unidos de 3.240 kilómetros,  se ha cobrado la vida de 11.500 inmigrantes. Un promedio de 500 muertes anuales, ya sea a manos de los guardias fronterizos estadounidenses, los asesinatos a manos de las mafias que obtienen jugosas ganancias al cruzar gente por la frontera y que los abandonan al ser descubiertos. Muertes por deshidratación  al cruzar el desierto que separa ambos países, ahogados en los cursos de ríos o asfixiados durante el cruce en vehículos abarrotados de hombres mujeres y niños.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/02/17/ee-uu-mexico-el-muro-de-trump-obliga-a-mexico-a-mirar-al-sur/

Informe: Llegada de Trump triplica los grupos islamófobos en EEUU

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Miembros de grupos islamófobos se manifiestan frente al Centro Comunitario Islámico en la ciudad estadounidense de Phoenix, 29 de mayo de 2015.

La cantidad de grupos islamófobos en Estados Unidos se triplicó el año pasado, de acuerdo con un informe publicado el miércoles.

Según un informe publicado por la organización no gubernamental de defensa de los derechos civiles Southern Poverty Law Center (SPLC), la cifra de grupos islamófobos en Estados Unidos pasó de 34 en 2015 a 101 en 2016.

El informe señala que la campaña electoral del actual presidente estadounidense, Donald Trump, tuvo un gran papel en el aumento de los grupos islamófobos ya que Trump, en muchos de sus eventos, lanzaba discursos discriminatorios y de odio contra los musulmanes.

“2016 fue un año sin precedentes para el odio (…) El país pasó por un resurgimiento del nacionalismo blanco que pone en peligro los progresos que hemos hecho y esto ocurre simultáneamente con la llegada al poder de un presidente cuyas políticas reflejan los valores de los nacionalistas blancos”, se lee en el informe publicado por la organización no gubernamental Southern Poverty Law Center (SPLC).

“2016 fue un año sin precedentes para el odio (…) El país pasó por un resurgimiento del nacionalismo blanco que pone en peligro los progresos que hemos hecho y esto ocurre simultáneamente con la llegada al poder de un presidente cuyas políticas reflejan los valores de los nacionalistas blancos”, se lee en dicho texto.

Mapa de distribución de los grupos de odio en Estados Unidos (mapa difundido por la organización no gubernamental Southern Poverty Law Center).

Además de Trump, las declaraciones y posturas de varios de sus destacados asesores han servido en gran parte para incitar al odio contra los musulmanes y el aumento de la islamofobia entre la población estadounidense.

En concreto, la designación de Steve Bannon, conocido por ser polémico, machista y racista, como asesor de Trump en el Despacho Oval, ha sido otra de las razones principales del incremento de de la islamofobia en Estados Unidos.

Del mismo modo el aumento de la islamofobia ha impulsado la subida del número de crímenes de odio contra los musulmanes, de modo que solamente en el mes de noviembre se registraron más de 900 incidentes de este tipo contra los musulmanes.

Trump, quien comenzó su campaña insultando a los mexicanos, otra minoría en EE.UU., desplazó desde el mes de noviembre el blanco de sus ataques hacia los musulmanes, defendiendo la creación de un registro específico obligatorio y la vigilancia y cierre selectivo de las mezquitas estadounidenses.

hgn/ncl/snz/rba

http://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/333429/islamofobia-triplican-grupos-anti-musulman-trump-bannon

Vergüenza diplomática

Son los más colonizados de todos los ciudadanos en este gran enclave colonial posmoderno que se sigue llamado México. El susto que manifiestan las clases altas y medio altas es de otra índole de el de quienes han sido pollos subterráneos, invisibles, calladitos y aguantadores. Los primeros creen que basta con los negocios y hábitos trasplantados de allá para acá y de acá para allá como la montaron en Houston, La Jolla, Miami o donde quiera que las rentas sean altas, como nuestros pirrurris de exportación que reinan en los condominios de lujo de Central Park. Bilingües hasta el piquito, basta hojear su prensa social y del corazón, sus redes ídem, sus códigos de consumo y pensamiento, su caló y su estilacho, para comprobar que viven, o creen vivir, en otra parte. En el colonialismo, como en todo, hay de clases a clases. Los colonizados que piden unidad en torno a su poder son beneficiarios directos de la colonización estadunidense, sus promotores, cómplices, mayordomos. Sus valedores.

Estudiaron o se entrenaron allá. No como los jardineros, jornaleros e intendentes que aprendieron acá a cosechar y trapear, y cuando les tocó cruzar la frontera se llevaron sus conocimientos de clase explotada, marginada, expulsada. El gobierno y la publicidad patronal les hicieron creer que allá era como acá, pero mejor, y que éramos socios. Tuvimos un presidente que condecoraba al migrante del año, al que más duro había trabajado para los vecinos del norte. Paternalismo rascuache. Que ahora los patrones de Washington les jalen el tapete los agarró descolocados. La siesta del Libre Comercio ya había durado mucho, y fue una auténtica fábrica de multimillonarios Forbes. Se confiaron.

La simbiosis colonizada empresarios-gobierno fue total: ideológica, económica, legislativa, intelectual. ¿Con qué cara pueden hablar hoy de identidad? Ya soñaban con libre comercio transpacífico, pastoreado siempre por Washington para tranquilidad del gobierno mexicano y los inversionistas que creyeron nadar de muertito. A tal grado que el Estado descuidó su embajada y sus consulados del norte, o mandó mercaderes y aprendices. ¿Cómo que a cada rato no hay embajador en Estados Unidos? Qué raro. ¿Será que se creyeron que no hacía falta, pues el propio gobierno federal se añadió al país vecino, una anexión venturosa? De ahí la cínica declaración del más reciente de los cancilleres improvisados que han encabezado la diplomacia mexicana, de que llegó al cargo para aprender. Y le pagamos por el aprendizaje, cuando debía ser al revés.

Pero tampoco se culpará de todo al patético canciller por andar penando en los pasillos de Washington a ver si lo pelan, viene con ánimo de colaboración. Ni al más reciente agente del neoliberalismo desnacionalizador, el que ocupa la secretaría de Economía. Son últimos eslabones de una triste sucesión de listos a los que les vieron la cara de tontos, desde el salinismo, y con ellos a todo el país. Ya ni ofende que el presidente yanqui se queje de que les hemos visto la cara, hemos abusado de su buena fe y toda esa cháchara, siendo todo lo contrario. Es un modelo prístino del newspeak orwelliano, y sobre todo del método Goebbels-Bannon. La mentira es la nueva verdad.

La colonización autista de los de arriba es impermeable a la evidencia y la conveniencia de Latinoamérica. Ellos más bien se disponen a dejarse obligar a sellar nuestra frontera, muro de por medio con todos esos países a los cuales pertenecemos. Para así quedar más solos que la una. Encerrados. Y esto sí es kafkiano. El agrimensor vejado a las puertas de un castillo al que nunca lo dejarán entrar. ¿No dijeron los ideólogos de la neocolonización –los mismos que marchan de pronto por la unidad y sacan el Himno Nacional de sus estadios– que la vocación de México era Norteamérica?

Desmantelaron una tradición diplomática de pensadores, escritores, servidores públicos (¡y diplomáticos!) que nos honraron con actos de valentía, probidad, compromiso y generosidad en las noches fascistas de Europa y Sudamérica, en la contención nuclear, la no intervención, las terceras vías, los procesos de paz y reconciliación con estos países hermanos a los que después les dimos la espalda. Diplomáticos que defendían a México a la hora de sus decisiones soberanas y ante los engaños, traiciones y amenazas foráneas que, no nos hagamos tontos, siempre han venido del mismo lugar.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/02/13/opinion/a08a1cul

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=223014

¿Cuántos seres humanos fueron masacrados en Nayarit por el helicóptero de La Marina?

Cuando vi el video del ametrallamiento desde un helicóptero contra un domicilio en un fraccionamiento de la ciudad de Tepic, Nayarit la semana pasada, no creí que se estuviera dando en México; pensé que se estaba pasando un corto de la guerra de Vietnam o de Yugoslavia donde los ejércitos yanquis masacraban a guerrilleros que defendían a sus pueblos ante la invasión. Sin embargo pronto me enteré que sucedía en México, que antes se había registrado en otros lados y que era un aviso de que todos los mexicanos luchadores sociales con dignidad –sobre todo ahora que se busca aprobar un ley protectora del ejército y la armada- deberíamos batallar con más intensidad pero cuidándonos de asesinos, los militares disfrazados o no, de policías.2. Por ello aplaudo la convocatoria del EZLN a la Campaña mundial: “Frente a los muros del capital: la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda”, cuyo objetivo es “llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo”. “Hay que organizarse. Hay que resistir. Hay que decir “no” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras. Y hay que decir “no” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte. De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas”.

3. También aplaudo a López Obrador –único político electoral que hasta ahora parece una real oposición- al exigir que el gobierno aclare las esos asesinatos y muchos más. Yo jamás he sido electorero ni he militado en algún partido que lo fuera, pero AMLO –dentro de sus limitaciones y errores al nombrar a Esteban Moctezuma y al empresario Romo; además, por las brutales represiones y asesinados de la clase gobernante- sigo pensando en que vale la pena apoyar lo positivo. ¿En última instancia a qué movimiento de masas de izquierda –en décadas- no he apoyado directamente? El secretario de Gobernación, el tal Osorio Chong, para amarrar su candidatura presidencial, hace esfuerzos indecibles para defender al gobierno de Peña.

4. Si desde un helicóptero lanzan toneladas de metralla los militares contra una casa rodeada de otras para asesinar a “los delincuentes”, pues hay que pensar hasta dónde llega el salvajismo del gobierno al que no le importa asesinatos de niños, de ancianos, de mujeres. Parece que lo importante es aniquilar a los enemigos lo demás son “daños colaterales”. El panista Calderón colocó al ejército en las calles y el priísta Peña busca superarlo en número de asesinatos, pues los 120 mil muertos con el primero entre 2006 y 2012, fácilmente serán “poca cosa”. Por eso Peña declaró ayer que en México no hay crisis sino un gran reto para seguir avanzando en todos los niveles que se ha hecho hasta hoy.

5. Yo también le tengo desconfianza al lopezobradorismo porque tengo la convicción de que -aunque no quiera- tendrá que negociar con los poderos empresarios, con el imperialismo, con los partidos políticos y la iglesia. Pero creo que no hay de otra ante la terrible debilidad e inconsecuencia de la izquierda radicalizada. Si logra la Presidencia AMLO quizá se abra una coyuntura para crecer como movimiento y si por órdenes empresariales reprime a los que estaremos en la calle, entonces muchas ideas cambiarán. Pero desaprovechar el trabajo de 17 años de López Obrador es un terrible desperdicio. Los que llevamos décadas estamos viejos para “vender las nalgas”; posiblemente moriremos ametrallados en la casa por un helicóptero de la armada.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

México / Convocatoria del EZLN: LOS MUROS ARRIBA, LAS GRIETAS ABAJO (Y A LA IZQUIERDA).

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LOS MUROS ARRIBA,

 LAS GRIETAS ABAJO (Y A LA IZQUIERDA).

Febrero del 2017.

La tormenta en nuestro caminar.

Para nosotras, nosotros, pueblos originarios zapatistas, la tormenta, la guerra, lleva siglos.  Llegó a nuestras tierras con la patraña de la civilización y la religión dominantes.  En ese entonces, la espada y la cruz desangraron a nuestra gente.

Con el paso del tiempo, la espada se modernizó y la cruz fue destronada por la religión del capital, pero se siguió demandando nuestra sangre como ofrenda al nuevo dios: el dinero.

Resistimos, siempre resistimos.  Nuestras rebeldías fueron suplantadas en la disputa entre unos contra otros por el Poder.  Unos y otros, arriba siempre, nos demandaron luchar y morir para servirlos, nos exigieron obediencia y sometimiento bajo la mentira de liberarnos.  Como aquellos a quienes decían y dicen combatir, vinieron y vienen a mandar.  Hubo así supuestas independencias y falsas revoluciones, las pasadas y las por venir.  Los de arriba se turnaron y se turnan, desde entonces, para mal gobernar o para aspirar a hacerlo.  Y en calendarios pasados y presentes, su propuesta sigue siendo la misma: que nosotras, nosotros, pongamos la sangre; mientras ellos dirigen o simulan dirigir.

Y antes y ahora, olvidan ellos que no olvidamos.

Y siempre la mujer abajo, ayer y hoy.  Incluso en lo colectivo que fuimos y somos.

Pero los calendarios no sólo trajeron dolor y muerte para nuestros pueblos.  Al expandir su dominio, el Poder creó nuevas hermandades en la desgracia.  Vimos entonces al obrero y al campesino hacerse uno con nuestro dolor, y yacer bajo las cuatro ruedas del carromato mortal del Capital.

Conforme avanzó el Poder en su paso por el tiempo, más y más crecía el abajo, ensanchando la base sobre la que el Poder es Poder.  Vimos entonces sumarse a maestros, estudiantes, artesanos, pequeños comerciantes, profesionistas, los etcéteras con nombres diferentes pero idénticos pesares.

No bastó.  El Poder es un espacio exclusivo, discriminatorio, selecto.  Entonces las diferencias fueron también perseguidas abiertamente.  El color, la raza, el credo, la preferencia sexual, fueron expulsadas del paraíso prometido, siendo que el infierno fue su casa permanente.

Les siguieron la juventud, la niñez, la ancianidad.  El Poder convirtió así a los calendarios en materia de persecución.  Todo el abajo es culpable: por ser mujer, por ser niñ@, por ser joven, por ser adulto, por ser ancian@, por ser human@.

Pero, al expandir la explotación, el despojo, la represión y la discriminación, el Poder también amplió las resistencias… y las rebeldías.

Vimos entonces, y ahora, levantarse la mirada de muchas, muchos, muchoas.  Diferentes pero semejantes en la rabia y la insumisión.

El Poder sabe que sólo es lo que es sobre quienes trabajan.  Los necesita.

A cada rebelión respondió y responde comprando o engañando a los menos, encarcelando y asesinando a los más.  No teme sus demandas, es su ejemplo el que le causa horror.

No bastó.  De dominar naciones, el Poder del Capital buscó poner a la humanidad entera bajo su pesado yugo.

Tampoco fue suficiente.  El Capital pretende ahora manejar a la naturaleza, domarla, domesticarla, explotarla.  Es decir, destruirla.

Siempre con la guerra, en su avance destructor el Capital, el Poder, demolió primero feudos y reinos.  Y sobre sus ruinas levantó naciones.

Luego devastó naciones, y sobre sus escombros erigió el nuevo orden mundial: un gran mercado.

El mundo entero se convirtió en un inmenso almacén de mercancías.  Todo se vende y se compra: las aguas, los vientos, la tierra, las plantas y los animales, los gobiernos, el conocimiento, la diversión, el deseo, el amor, el odio, la gente.

Pero en el gran mercado del Capital no sólo se intercambian mercancías.  La “libertad económica” es sólo un espejismo que simula acuerdo mutuo entre quien vende y quien compra.  En realidad, el mercado se basa en el despojo y la explotación.  El intercambio es entonces de impunidades.  La justicia se transformó en una caricatura grotesca y en su balanza siempre pesa más el dinero que la verdad.  Y la estabilidad de esa tragedia llamada Capitalismo depende de la represión y el desprecio.

Pero no bastó tampoco.  Dominar en el mundo material no es posible si no se domina en las ideas.  La imposición con religiones se profundizó y alcanzó a las artes y las ciencias.  Como modas de vestir, surgieron y surgen filosofías y creencias.  Las ciencias y las artes dejaron de ser lo distintivo de lo humano y se acomodaron en un estante del supermercado mundial.  El conocimiento pasó a ser propiedad privada, lo mismo que la recreación y el placer.

El Capital, así, se consolidó como una gran máquina trituradora, usando ya no sólo a la humanidad entera como materia prima para producir mercancías, también a los conocimientos, a las artes, … y a la naturaleza.

La destrucción del planeta, los millones de desplazados, el auge del crimen, el desempleo, la miseria, la debilidad de los gobiernos, las guerras por venir, no son producto de los excesos del Capital, o de una conducción errónea de un sistema que prometió orden, progreso, paz y prosperidad.

No, todas las desgracias son la esencia del sistema.  De ellas se alimenta, a costa de ellas crece.

La destrucción y la muerte son el combustible de la gran máquina del Capital.

Y fueron, son y serán inútiles los esfuerzos por “racionalizar” su funcionamiento, por “humanizarlo”.  Lo irracional y lo inhumano son sus piezas claves.  No hay arreglo posible.  No lo hubo antes.  Y ahora ya tampoco se puede atenuar su paso criminal.

La única forma de detener la máquina es destruirla.

En la guerra mundial actual, la disputa es entre el sistema y la humanidad.

Por eso la lucha anticapitalista es una lucha por la humanidad.

Quienes todavía pretenden “arreglar” o “salvar” al sistema, en realidad nos proponen el suicidio masivo, global, como sacrificio póstumo al Poder.

Pero en el sistema no hay solución.

Y no bastan ni el horror, ni la condena, ni la resignación, ni la esperanza en que ya pasó lo peor y las cosas no harán sino mejorar.

No.  Lo cierto es que se va poner peor.

Por esas razones, más las que cada quien agregue de sus particulares calendarios y geografías, es que hay que resistir, hay que rebelarse, hay que decir “no”, hay que luchar, hay que organizarse.

Por eso hay que levantar el viento de abajo con resistencia y rebeldía, con organización.

Sólo así podremos sobrevivir.  Sólo así será posible vivir.

Y sólo entonces, como fue nuestra palabra hace 25 años, podremos ver que…

“Cuando amaine la tormenta,

 cuando la lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra,

 el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor.”

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La guerra y los muros de afuera y de adentro.

Si antes el sufrimiento causado por la guerra era patrimonio exclusivo del abajo mundial, ahora ensancha sus calamidades.

Sobre cada rincón del planeta, el odio y el desprecio pretenden destruir familias, comunidades enteras, naciones, continentes.  No es necesario ya haber cometido un delito o ser presunto criminal, basta ser sospechoso de ser humano.

Provocada por la codicia del gran dinero, la pesadilla actual pretende ser cobrada a quienes la padecen.  Las fronteras ya no sólo son líneas punteadas en los mapas y garitas aduanales, ahora son murallas de ejércitos y policías, de cemento y ladrillos, de leyes y persecuciones.  En todo el mundo de arriba, la caza del ser humano se incrementa y se festina en competencias clandestinas: gana quien más expulse, encarcele, confine, asesine.

Como llevamos diciendo desde hace más de 20 años, la globalización neoliberal no trajo el surgimiento de la aldea planetaria, sino la fragmentación y disolución de los llamados “Estados-nación”.  Llamamos entonces, y ahora, a ese proceso con el nombre que mejor lo describe: “guerra mundial” (la cuarta, según nosotr@s).

Lo único que se mundializó fue el mercado y, con él, la guerra.

Para quienes hacen funcionar las máquinas y hacen nacer a la tierra, las fronteras siguieron y siguen siendo lo que siempre han sido: cárceles.

Nuestra afirmación provocó entonces, hace dos décadas, sonrisas burlonas de la intelectualidad internacional encadenada a viejos y caducos dogmas.  Y esos mismos hoy tartamudean ante una realidad frenética, y, o ensayan viejas recetas, o se mudan a la idea de moda que, tras una compleja elaboración teórica, esconde lo único verdadero: no tienen ni la más remota idea de lo que pasa, ni de lo que sigue, ni de lo que antecedió a la pesadilla actual.

Se lamentan.  El pensamiento de arriba les prometió un mundo sin fronteras, y su resultado es un planeta atiborrado de trincheras chovinistas.

El mundo no se transformó en una gigantesca megalópolis sin fronteras, sino en un gran mar sacudido por una tempestad que no tiene precedentes de igual magnitud.  En él, millones de desplazados (a quienes, con rubor mediático, se les unifica bajo el nombre de “migrantes”) naufragan en pequeñas barcas, esperando ser rescatados por el gigantesco navío del gran Capital.

Pero no sólo no lo hará; él, el gran Capital, es el principal responsable de la tormenta que amenaza ya la existencia de la humanidad entera.

Con el torpe disfraz del nacionalismo fascista, los tiempos del oscurantismo más retrógrada vuelven reclamando privilegios y atenciones.  Cansado de gobernar desde las sombras, el gran Capital desmonta las mentiras de la “ciudadanía” y la “igualdad” frente a la ley y el mercado.

La bandera de “libertad, igualdad y fraternidad” con la que el capitalismo vistió su paso a sistema dominante en el mundo, es ya sólo un trapo sucio y desechado en el basurero de la historia de arriba.

Al fin el sistema se desemboza y muestra sus verdaderos rostro y vocación.  “Guerra siempre, guerra en todas partes”, reza el emblema del soberbio buque que navega en un mar de sangre y mierda.  Es el dinero y no la inteligencia artificial la que combate a la humanidad en la batalla decisiva: la de la supervivencia.

Nadie está a salvo.  Ni el ingenuo capitalista nacional, que soñaba con la bonanza que le ofrecían los mercados mundiales abiertos, ni la conservadora clase media sobreviviendo entre el sueño de ser poderosa y la realidad de ser rebaño del pastor en turno.

Y ni hablar de la clase trabajadora del campo y la ciudad, en condiciones más difíciles si posible fuera.

Y, para completar la imagen apocalíptica, millones de desplazados y migrantes agolpándose en las fronteras que, de pronto, se volvieron tan reales como los muros que, a cada paso, interponen gobiernos y criminales.  En la geografía mundial de los medios de comunicación y las redes sociales, los desplazados, fantasmas errantes sin nombre ni rostro, apenas son un número estadístico que muta su ubicación.

¿El calendario?  Apenas un día después de la promesa del fin de la historia, de la solemne declaración de la supremacía de un sistema que otorgaría bienestar a quien trabajara, de la victoria sobre el “enemigo comunista” que pretendía coartar la libertad, imponer dictaduras y generar pobreza, de la eternidad prometida que anulaba todas las genealogías.  El mismo calendario que anunciaba apenas ayer que la historia mundial recién empezaba.  Y resulta que no, que todo no era sino el preludio de la más espantosa pesadilla.

El capitalismo como sistema mundial colapsa, y, desesperados, los grandes capitanes no atinan a dónde ir.  Por eso se repliegan a sus guaridas de origen.

Ofrecen lo imposible: la salvación local contra la catástrofe mundial.  Y la pamplina se vende bien entre una clase media que se difumina con los de abajo en sus ingresos, pero pretende suplir sus carencias económicas con refrendos de raza, credo, color y sexo.  La salvación de arriba es anglosajona, blanca, creyente y masculina.

Y ahora, quienes vivían de las migajas que caían de las mesas de los grandes capitales, ven desesperados cómo también contra ellos se levantan los muros.  Y, el colmo, pretenden encabezar la oposición a esa política guerrera.  Así vemos a la derecha intelectual hacer gestos de contrariedad e intentar tímidas y ridículas protestas.  Porque no, la globalización no fue el triunfo de la libertad.  Fue y es la etapa actual de la tiranía y la esclavitud.

Las Naciones ya no lo son, aunque aún no se hayan percatado de ello sus respectivos gobiernos.  Sus banderas y emblemas nacionales lucen raídos y descoloridos.  Destruidos por la globalización de arriba, enfermos por el parásito del Capital y con la corrupción como única señal de identidad, con torpe premura los gobiernos nacionales pretenden resguardarse a sí mismos e intentar la reconstrucción imposible de lo que alguna vez fueron.

En el compartimento estanco de sus murallas y aduanas, el sistema droga a la medianía social con el opio de un nacionalismo reaccionario y nostálgico, con la xenofobia, el racismo, el sexismo y la homofobia como plan de salvación.

Las fronteras se multiplican dentro de cada territorio, no sólo las que pintan los mapas.  También y, sobre todo, las que levantan la corrupción y el crimen hecho gobierno.

La bonanza posmoderna no era sino un globo inflado por el capital financiero.  Y vino la realidad a pincharla: millones de desplazados por la gran guerra llenan las tierras y las aguas, se amontonan en las aduanas y van haciendo grietas en los muros hechos y por hacer.  Alentados antes por el gran Capital, los fundamentalismos encuentran tierra fértil para sus propuestas de unificación: “del terror nacerá un solo pensamiento, el nuestro”.  Después de ser alimentada con dólares, la bestia del terrorismo amenaza la casa de su creador.

Y, lo mismo en la Unión Americana, que en la Europa Occidental o en la Rusia neo zarista, la bestia se retuerce e intenta protegerse a sí misma.  Encumbra ahí (y no sólo ahí) a la estupidez y la ignorancia más ramplonas y, en sus figuras gobernantes, sintetiza su propuesta: “volvamos al pasado”.

Pero no, América no volverá a ser grande de nuevo.  Nunca más.  Ni el sistema entero en su conjunto.  No importa qué hagan los de arriba.  El sistema llegó ya al punto de no retorno.

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Contra el Capital y sus muros: todas las grietas.

La ofensiva internacional del Capital en contra de las diferencias raciales y nacionales, promoviendo la construcción de muros culturales, jurídicos y de cemento y acero, busca reducir más aún el planeta.  Pretenden crear así un mundo donde sólo quepan los que arriba son iguales entre sí.

Sonará ridículo, pero así es: para enfrentar la tormenta el sistema no busca construir techos para guarecerse, sino muros detrás de los cuales esconderse.

Esta nueva etapa de la guerra del Capital en contra de la Humanidad debe enfrentarse sí, con resistencia y rebeldía organizadas, pero también con la solidaridad y el apoyo a quienes ven atacadas sus vidas, libertades y bienes.

Por eso:

Considerando que el sistema es incapaz de frenar la destrucción.

Considerando que, abajo y a la izquierda, no debe haber cabida para el conformismo y la resignación.

Considerando que es momento de organizarse para luchar y es su tiempo de decir “NO” a la pesadilla que desde arriba nos imponen.

LA COMISIÓN SEXTA DEL EZLN Y LAS BASES DE APOYO ZAPATISTAS CONVOCAMOS:

I.- A la campaña mundial:

Frente a los muros del Capital:

la resistencia, la rebeldía, la solidaridad y el apoyo de abajo y a la izquierda.

Con el objetivo de llamar a la organización y la resistencia mundial frente a la agresividad de los grandes dineros y sus respectivos capataces en el planeta, y que aterroriza ya a millones de personas en todo el mundo:

Llamamos a organizarse con autonomía, a resistir y rebelarse contra las persecuciones, detenciones y deportaciones.  Si alguien se tiene que ir, que sean ellos, los de arriba.  Cada ser humano tiene derecho a una existencia libre y digna en el lugar que mejor le parezca, y tiene el derecho a luchar para seguir ahí.  La resistencia a las detenciones, desalojos y expulsiones son un deber, así como deber es apoyar a quienes se rebelan contra esas arbitrariedades SIN IMPORTAR LAS FRONTERAS.

Hay que hacerle saber a toda esa gente que no está sola, que su dolor y su rabia es vista aún a la distancia, que su resistencia no es sólo saludada, también es apoyada así sea con nuestras pequeñas posibilidades.

Hay que organizarse.  Hay que resistir.  Hay que decir “NO” a las persecuciones, a las expulsiones, a las cárceles, a los muros, a las fronteras.  Y hay que decir “NO” a los malos gobiernos nacionales que han sido y son cómplices de esa política de terror, destrucción y muerte.  De arriba no vendrán las soluciones, porque ahí se parieron los problemas.

Por eso llamamos a la Sexta en su conjunto a que se organice, según su tiempo, modo y geografía, para apoyar en y con actividades a quienes resisten y se rebelan contra las expulsiones.  Sea apoyándolos para que regresen a sus hogares, sea creando “santuarios” o apoyando los ya existentes, sea con asesorías y apoyos legales, sea con paga, sea con las artes y las ciencias, sea con festivales y movilizaciones, sea con boicots comerciales y mediáticos, sea en el espacio cibernético, sea donde sea y como sea.  En todos los espacios donde nos movamos es nuestro deber apoyar y solidarizarnos.

Llegó el momento de crear comités de solidaridad con la humanidad criminalizada y perseguida.  Hoy, más que nunca antes, su casa es también nuestra casa.

Como zapatistas que somos, nuestra fuerza es pequeña y, aunque es amplio y hondo nuestro calendario, nuestra geografía es limitada.

Por eso y para apoyar a quienes resisten a las detenciones y deportaciones, desde hace varias semanas la Comisión Sexta del EZLN ha iniciado contactos con individu@s, grupos, colectivos y organizaciones adherentes a la Sexta en el mundo, para ver el modo de hacerles llegar una pequeña ayuda de modo que les sirva como base para lanzar o continuar toda suerte de actividades y acciones a favor de l@s perseguid@s.

Para iniciar, les enviaremos las obras artísticas creadas por l@s indígenas zapatistas para el CompArte del año pasado, así como café orgánico producido por las comunidades indígenas zapatistas en las montañas del sureste mexicano, para que, con su venta, realicen actividades artísticas y culturales para concretar el apoyo y la solidaridad con los migrantes y desplazados que, en todo el mundo, ven amenazadas su vida, libertad y bienes por las campañas xenofóbicas promovidas por los gobiernos y la ultra derecha en el mundo.

Eso por lo pronto.  Ya iremos ideando nuevas formas de apoyo y solidaridad.  Las mujeres, hombres, niños y ancianos zapatistas no les dejaremos sol@s.

II.- Invitamos también a toda la Sexta y a quien se interese, al seminario de reflexión crítica “LOS MUROS DEL CAPITAL, LAS GRIETAS DE LA IZQUIERDA” a celebrarse los días del 12 al 15 de abril del 2017, en las instalaciones del CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.  Participan:

Don Pablo González Casanova.María de Jesús Patricio Martínez (CNI).Paulina Fernández C.

Alicia Castellanos.

Magdalena Gómez.

Gilberto López y Rivas.

Luis Hernández Navarro.

Carlos Aguirre Rojas.Arturo Anguiano.Sergio Rodríguez Lascano.

Christian Chávez (CNI).

Carlos González (CNI).

Comisión Sexta del EZLN.

Próximamente daremos más detalles.

III.- Convocamos a tod@s l@s artistas a la segunda edición del “CompArte por la Humanidad” con el tema: “Contra el Capital y sus muros: todas las artes” a celebrarse en todo el mundo y en el espacio cibernético.  La parte “real” será en fechas del 23 al 29 de julio del 2017 en el caracol de Oventik y el CIDECI-UniTierra.  La edición virtual será del 1 al 12 de agosto del 2017 en la red.  Próximamente daremos más detalles.

IV.- También les pedimos estar atent@s a las actividades a las que convoque el Congreso Nacional Indígena, como parte de su proceso propio de conformación del Concejo Indígena de Gobierno.

V.- Convocamos a l@s científic@s del mundo a la segunda edición del “ConCiencias por la Humanidad” con el tema: “Las ciencias frente al muro”.  A celebrarse del 26 al 30 de diciembre del 2017 en el CIDECI-UniTierra, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, y en el espacio cibernético.  Próximamente daremos más detalles.

No es todo.  Hay que resistir, hay que rebelarse, hay que luchar, hay que organizarse.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/02/15/mexico-convocatoria-del-ezln-los-muros-arriba-las-grietas-abajo-y-a-la-izquierda/

Los orígenes de la doctrina Trump

ctxt (Contexto y Acción)

El periodista Norman Mailer retrató en 1964 la elección de Barry Goldwater como aspirante republicano a la Casa Blanca. Su candidatura sentó las bases del neoconservadurismo de estirpe racista

Norman Mailer viajó en 1964 a California para cubrir la convención del Partido Republicano en la que se elegía al candidato de las presidenciales de ese año. El dos veces ganador del Premio Pulitzer recorrió durante cuatro días las calles de Dala City, al sur de San Francisco, y los pasillos de los hoteles donde se desarrolló la  Convención. De ahí nació una crónica (incluida en el volumen Caníbales y Cristianos) que retrató con una sagacidad notable el ascenso del senador Barry Goldwater, elegido como candidato del partido Republicano, pero, sobre todo, el espíritu de los WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant: blanco, anglosajón y protestante) quienes, asqueados por la revolución civil de los sesenta, ansiaban con profundo ánimo de venganza un triunfo de Goldwater que pulverizara el avance progresista de la costa Este.

Desgraciadamente para los WASP, el senador republicano perdió estrepitosamente las elecciones frente al demócrata Lyndon B. Johnson (que había reemplazado al asesinado John F. Kennedy). Su candidatura sentó, sin embargo, las bases del neoconservadurismo de estirpe racista que más tarde abrazarían los votantes de Ronald Reagan, y en la actualidad, los del flamante presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump.

El racismo de los WASP

“Los WASP estaban llenos de desperdicios psíquicos que no podían dejar atrás…, ellos se habían trasladado al medio Oeste, habían colonizado el Oeste, se habían ganado al país…, y ahora lo estaban perdiendo a manos de los inmigrantes que habían venido después y de los descendientes de los esclavos.” Así describe el novelista americano el sentimiento de hartazgo de los blancos anglosajones en esa época frente al crecimiento de la inmigración latina y el avance civil de los afroamericanos, cuya expresión más emblemática fue la histórica Ley de Derechos Civiles de 1964 que puso fin a la segregación racial en instituciones públicas. Un sentimiento que parece tener una vigencia evidente en el actual recelo de la misma clase de estadounidenses hacia los hispanos, los asiáticos, los musulmanes o los refugiados.

LOS WASP ANSIABAN CON PROFUNDO ÁNIMO DE VENGANZA UN TRIUNFO DE GOLDWATER QUE PULVERIZARA EL AVANCE PROGRESISTA DE LA COSTA ESTE

La sensación de estar siendo desplazados por los negros y los latinos se mezclaba con un odio hacia las ideas progresistas que impulsaba el Este, y que desde el punto de vista de los WASP,  erosionaban sus “valores”. “Habían visto que su cultura era adulterada, desterrada, convertida en una especie de mezcolanza surrealista de piedad pública cumrock-and-roll, producto de las películas y la televisión, de los medios de comunicación de masas en los que tan a menudo eran reyes los hijos de los inmigrantes…”.

Una “indignación moral” que Mailer describe en términos generales mediante la figura de los “viejos WASP”: “Tenían un insano aguijón clavado en sus ideas…, estaban a favor de dar de azotes en el culo desnudo de Norteamérica, allí donde los come-you-nismos se acumulaban: la igualdad entre blancos y negros, el exceso sexual, las ideas judías, la ropa sucia, el pensamiento confuso de perogrullo, la falta de respeto por la Constitución…”.
En perspectiva, es posible rastrear el mismo patrón reaccionario de los WASP, en los votantes blancos de Trump que, deslumbrados por su rostro rosado, su gorra roja que usaría cualquier vecino del medio Oeste, y ese discurso de “¡America, first!, ¡America First!”, se convencieron de haber encontrado al mesías que finalmente iba a cumplir la promesa de retornar América a los americanos.

Un cóctel de extremismo, demagogia y populismo

Los republicanos liberales de 1964 no estaban precisamente felices con la nominación de Barry Goldwater. Muchos de ellos pensaban, como sus detractores demócratas, que era un “extremista”. No tanto por su disposición a utilizar armas nucleares de corto alcance para eliminar el follaje de los arbustos donde se camuflaba el enemigo, sino, sobre todo, por su devoción temprana por el Rollback, una estrategia político-militar surgida durante la Guerra Fría y que apostaba por cambiar los regímenes de otros Estados, cuando estos no favorecían los intereses estadounidenses. Para los críticos con el senador, esta estrategia podría causar una Tercera Guerra Mundial.
El propio gobernador Scranton, que batalló contra Goldwater en aquella Convención, lo había calificado de “peligrosamente impulsivo”, y de “caos y tumulto”, entre otras cualidades.

Quienes más temían a Goldwater eran los liberales de su partido. “El pánico del poder establecido liberal ante una revolución de derecha, cuya pesadilla personal podía muy bien ser su inhabilidad para contener su más asesino impulso; un movimiento de la derecha cuyo fantasma es este aliento y esta sangre sin enterrar del nazismo”.

Según las proyecciones de Mailer respecto de los dos asuntos que dominaron la campaña de 1964 –la guerra nuclear y la segregación racial–, si Goldwater llegaba a la Casa Blanca, “las probabilidades de que tuviera lugar una guerra nuclear eran ciertamente mayores…”, y la Revolución Negra podía acelerarse “hacia la violencia y el desastre”.
Cincuenta años después, aquel temor que existía sobre Goldwater y sus posiciones extremistas se ha materializado en la Administración Trump.

EL CONSERVADURISMO DE POSICIONES EXTREMAS QUE DEFENDIÓ REAGAN DURANTE SUS MANDATOS SE INSPIRÓ DE LA EXPERIENCIA POLÍTICA DE GOLDWATER

Durante la primera semana de gobierno, el magnate y sus consejeros han dado pruebas contundentes de su extremismo. Desde la orden para construir el muro que separa la frontera con México, al decreto que prohibió el ingreso de refugiados y nacionales de siete países de mayoría musulmana a los Estados Unidos. Con ambas medidas –ejecutadas sin aparente consideración ética o al menos constitucional–, se ha desatado un caos familiar, judicial y diplomático de una magnitud sin precedentes.

Mailer no se andaba con eufemismos para referirse a la demagogia de Goldwater, sin embargo, señalaba que su caso era complejo. A raíz del discurso de nominación, en el que Goldwater pronunció la polémica frase: “El extremismo en la defensa de la libertad no es vicio… La moderación en la búsqueda de la justicia no es virtud”, el novelista escribió con enojo: “Goldwater es un demagogo. Y también es sincero. Esa es la detestable dificultad. Medio judío y de ojos azules tiene un instinto para conocer el corazón de la enfermedad…, sabe traer bálsamo al loco, o al menos al medio loco. Despierta una chispa en muchas almas secas porque ofrece liberación a frustraciones más hondas que las políticas”.

El mismo bálsamo que Trump parece traer  a millones de almas desencantadas, sin tiempo, ni ánimo, ni posibilidades de escuchar las razones que explican por qué el neoliberalismo ha deglutido al Estado de bienestar, sin ser posible ya obtener un trabajo, cobrar un salario digno, y aspirar a algo más que a comprar un teléfono móvil.
Ese Trump, de frases estridentes y efectivas, con “culpables” fáciles de reconocer… En palabras de los críticos de Goldwater, un “hombre de soluciones de una sola frase”.

Goldwater reunía tantas credenciales populistas como el mismo Trump; ambos podían presumir de ellas por su falta de consistencia ideológica, por sufrir una pobre formación intelectual y militancia política, que los lleva a abrazar con el mismo desenfreno una medida de extrema derecha y otra de extrema izquierda.
Del magnate, sobran ejemplos, empezando por su situación personal. Un multimillonario que arremete contra el establishment político y económico al que pertenecen él y sus más fieles colaboradores. Pero si fuera preciso nombrar alguna de sus numerosas medidas contradictorias, en su primera semana de gestión, prometió reducir los impuestos a las grandes empresas (liberalismo ortodoxo), y anunció la retirada de Estados Unidos de los acuerdo de libre comercio con otros países (proteccionismo de corte nacionalista).

Respecto de Goldwater, Mailer decía que tenía una “magnitud”, aunque “tal vez se trataba de una magnitud formada solamente de contradicciones”. Así lo pintaba en el caso de que Goldwater y sus ideas llegaran al Salón Oval: “Si Goldwater es elegido, no podrá controlar el país sin moverse hacia el centro; moviéndose hacia el centro perderá una parte de la derecha, no satisfacerá a nadie y estará obligado a ir todavía más hacia la izquierda, o, volviendo a la derecha, abrirá cismas por toda la tierra, cismas imposibles de cerrar”.

A LA LUZ DE LA HISTORIA, LA ELECCIÓN DE TRUMP NO CONSTITUYE UN “TERREMOTO POLÍTICO”, NI UNA FALLA CRÍTICA DEL SISTEMA, O MENOS, UN FRUTO DEL AZAR

En otro apartado de la crónica, donde Goldwater ya había recibido la nominación y daba su primer discurso como candidato, Mailer lo acusa de ser un estafador y sobre todo, una estafa al propio conservadurismo que decía representar: “¡Vaya estafa en este procedimiento, vaya una extinción de lo mejor del pensamiento conservador!”. Y tras ello, lo explicaba con ejemplos concretos: “Goldwater podría terminar con más arte militar, seguridad y estatismo de los que cualquier demócrata hubiera jamás osado; como conservador, iba a fracasar del todo (¡sin duda!), pero era seguro que iba a hacer una cosa: iba a marchar hacia Cuba”.

El mismo espíritu, diferentes resultados

Barry Goldwater logró la candidatura del Partido Republicano, e incluso el apoyo de un joven y radiante Ronald Reagan, que tras un discurso de campaña en 1964, se perfiló como la gran esperanza de los conservadores. Sin embargo, no pudo imponerse a Lyndon B. Johnson, y cayó de forma humillante.

Quizás los estadounidenses conservaban todavía una reserva ética, y no se iban a plegar a un extremista que pretendía resolver el problema racial con mano dura, o acabar la Guerra Fría con un lanzamiento de bombas nucleares.

Así describe Mailer, el derrotero de su campaña presidencial: “Vaya conservador que nos bajó de la montaña! Aislado en un tránsito desesperado de grupos llenos de odio y de fanáticos entre matones sureños y piratas del petróleo, ofreciendo un programa en el que los siniestros indicios eran que una fuerza de policía federal iba a proteger a la señoritas de nuestra tierra en sus paseos nocturnos por nuestras calles; razonando con toda la casera seguridad de un calcetín sucio que iba a proteger el pasado destruyendo el presente; echando a perder la esencia de su campaña en argumentos técnicos carentes de sentido con el Pentágono, y las aburridas reconciliaciones y nuevos odios de sangre con los afligidos moderados de su partido”.

En ese contexto, el escritor estadounidense afirma que “uno no podía votar por una persona” como Goldwater. “Una persona que apretaba los botones falsos”. Por eso, “el mandato iba a ir a las manos de Lyndon Johnson”.

Sin embargo, la candidatura de Johnson no despertaba grandes expectativas. Los estadounidenses se decidieron por el candidato demócrata, aunque “se trataba de un voto cargado de tristeza y herido con una sensación de posible mala consecuencia porque había bastante en Johnson que no atraía en lo absoluto, resultando ser íntimas algunas de las pruebas que iban en su contra.” Mailer refleja además lo amargo que resultaba el discurso de Johnson para el ala progresista. En una crítica al programa de su campaña My Hope for America, el escritor señala la doble moral del candidato: “Más para el pobre, más para el rico; más para la paz, más para la guerra; fervorosamente opuesto al comunismo, cautelosamente conciliatorio…”

Con diferencia de tiempo y escenarios, es posible trazar un paralelismo entre los temores que despertaba Barry Goldwater con los miedos que genera Donald Trump. Incluso, es posible rastrear el mismo discurso que precisa Mailer sobre que no se podía votar “una persona que apretaba los botones falsos”.

Ejemplo de ello son las posturas de dos políticos alejados ideológicamente entre sí. Bernie Sanders, aunque criticó con dureza a Hillary Clinton, y perdió la nominación de manera dudosa, reconoció que sería imprudente votar por Donald Trump. En el extremo opuesto, podría citarse a Colin Powell, tristemente recordado por guiar a EEUU a la guerra de Irak durante su cargo de secretario de Estado en el gobierno de George Bush, quien afirmó que Trump era una “desgracia nacional” y “un paria internacional”, y que por esa razón votaría a Clinton.

La diferencia más concreta que existe para explicar las razones por las que Goldwater perdió, y Donald Trump ganó, se encuentra en sus respectivos contrincantes. A pesar de no despertar el entusiasmo de Kennedy, Lyndon B. Johnson logró presentarse como el continuador de su legado. La prueba irrefutable de ello es el impulso para votar y promulgar la Ley de Derechos Civiles que el presidente asesinado había concebido.

Hillary Clinton, en cambio, asediada por su polémico desempeño como secretaria de Estado, su ausencia de carisma natural, y sus históricos vínculos con el establishment político y económico, no logró convencer a un electorado que prefirió correr el riesgo de votar a Trump.

‘Make America Great Again’

El eslogan “Make America Great Again” fue creado y utilizado por primera vez por Ronald Reagan en 1980. Por esa razón, muchos apuntaron que Donald Trump era su fiel continuador.

El conservadurismo de posiciones extremas que defendió Reagan durante sus mandatos se inspiró de la experiencia política de Barry Goldwater.  George F. Will, otro periodista estadounidense premiado con el Pulitzer, lo resumió mejor con una ironía: “Goldwater ganó en el año 1964, pero tomó 16 años contar los votos”.
John McCain, el excandidato presidencial del Partido Republicano (perdió frente a Obama en 2008), actual senador por el Estado de Arizona, y una de las figura más influyentes dentro de la derecha estadounidense, no tiene dudas: Sin Goldwater no habría Reagan: “Transformó el partido Republicano de una organización elitista del Este a un terreno abonado para la elección de Ronald Reagan”.

A la luz de la historia, la reciente elección como presidente del desbocado empresario neoyorquino no constituye un “terremoto político”, ni una falla crítica del sistema, o menos, un fruto del azar. A la luz de la historia, y más precisamente del Partido Republicano, podría decirse sin temor a equivocarse, que sin Barry Goldwater, no habría Donald Trump.

Fuente: http://ctxt.es/es/20170208/Politica/11019/Trump-Norman-Mailer-Barry-GoldwaterRonald-Reagan.htm

Trump, ni proteccionista ni liberal

Alfredo Serrano Mancilla
Absolutamente ecléctico para casi todo, pero con un objetivo como centro de gravedad: “mis amigos y yo, primero; y luego, [Norte]América”

Estamos en la era de la inmediatez y necesitamos de forma apresurada encontrar la etiqueta ideal que caracterice a cualquier personaje emergente. Ahora es el turno de Donald Trump.

Rápidamente se le ha tildado como el nuevo exponente del viejo proteccionismo. Su frase “América primero” y sus primeras decisiones (la retirada del Acuerdo de Asociación Transpacífico y las amenazas contra las empresas estadounidenses que produzcan afuera del país) han servido para encorsetar el proyecto Trump bajo esa categoría económica. Por lo que se lee y escribe en los grandes medios, pareciera que con Trump pronto llegará el fin de la globalización. Todo el mundo alerta, incluido el FMI, que estamos frente a un clivaje geoeconómico. Todo parece indicar que Trump, más conocido como ‘El Proteccionista’, levantará muros por todas partes, físicos y económicos, que harán que volvamos a otra época en la que se terminará la libertad comercial.

Ahora que todos hablan de Trump como proteccionista, parece que hemos olvidado que Obama y la propia Unión Europea llevan años con políticas fuertemente defensoras de sus grandes transnacionales y de su mercado interno. La cláusula ‘Buy American’ o el salvataje de ciertos bancos y otras grandes empresas fueron practicados precisamente durante la Administración anterior. Por su parte, en territorio europeo son miles los ejemplos de grandes muros, físicos contra la migración y económicos en clave comercial y de propiedad intelectual. Es por ello que debemos analizar a Trump en un orden económico hegemónico que presume de liberal, pero que es fuertemente proteccionista.

La urgencia en saber quién es este presidente atípico nos juega una mala pasada pero, hasta el momento, lo único previsible con Trump es que todo es imprevisible en sus decisiones. Y es precisamente este comportamiento incierto lo que nos incomoda. Ante tal miedo geopolítico, entonces, es cuando se busca rápidamente ubicarlo en alguna doctrina del pasado. Es por ello que se insiste constantemente en la idea de que Trump viene a dar un giro radical a las relaciones económicas internacionales invocando las reglas del viejo proteccionismo.

¿Qué hay de verdad en todo ello? Realmente, nada. Para empezar, Trump amenazó a las grandes empresas de la industria automotriz con cobro de impuestos. Pero debemos recordar que estas empresas son las mismas que fueron aliadas del expresidente Obama. Es decir, más que proteccionismo, esta decisión parece responder a principios de economía política. El verdadero objetivo de esta intimidación es poner contra las cuerdas al gran capital aliado a los demócratas. ¿O es que Trump ha amenazado a sus propias empresas, aquellas que también hacen ‘business’ muy lejos del territorio estadounidense?

En su relación con China, veremos verdaderamente si Trump es proteccionista o no. Hasta el momento, mucho ruido y pocas nueces. ¿Se atreverá Trump a implementar medidas proteccionistas sabiendo que China conserva más de un billón de dólares en concepto de deuda de los Estados Unidos? Imagino que no.

Por otro lado, en el plano financiero, cabe destacar que el presidente Trump ha derogado el ‘Dodd-Frank Act’ que fuera usado por Obama para regular el sistema financiero, tras el desastre global que ocasionó. Luego de esta medida, difícilmente podríamos encasillar a Trump en el bando proteccionista. Seguramente, con manual en mano, algunos dirían que se trata justamente de una medida fuertemente anclada en la doctrina del liberalismo económico.

En conclusión, podríamos afirmar que es un poco pronto para catalogar a Trump en una u otra corriente. Pareciera que es proteccionista para unas cosas y liberal para otras. O más bien, todo lo contrario: no es ni lo uno ni lo otro. Realmente, Trump parece obedecer más a un híbrido que, por el momento, tiene un desenlace desconocido. Absolutamente ecléctico para casi todo, pero con un objetivo como centro de gravedad: “mis amigos y yo, primero; y luego, [Norte]América”.

https://actualidad.rt.com

 http://www.lahaine.org/trump-ni-proteccionista-ni-liberal

Y ahora, ¿quién es el enemigo?

Estados Unidos necesita un enemigo; cualquiera que sea

TomDispatch

Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

Introducción de Tom Engelhardt

Mirémoslo de frente: desde el 11-S, en nuestro mundo estadounidense todo ha sido salvajemente desproporcionado. Es bastante comprensible, cuando esos ataques fueron vividos como algo distinto de lo que fueron. En lo más álgido del momento serían comparados con aquellas películas de Hollywood que muestran la destrucción de una ciudad o el fin del mundo (“Fue como un film de Godzilla”), inmediatamente fueron apodados “el Pearl Harbor del siglo XXI” o simplemente “Un nuevo día de la infamia”, y vividos por muchos como algo muy cercano a un acontecimiento apocalíptico infligido a este país, el equivalente a un ataque nuclear –como Tom Brokaw, de la NBC, dijo ese día, “igual a un invierno nuclear en el bajo Manhattan” o, como tituló el Topeka Capital-Journal haciendo referencia a una película de 1983, El día después, sobre el apocalipsis nuclear. Por supuesto, no fue nada de eso. Un desafío en absoluto imperial había golpeado a Estados Unidos sin aviso previo, tal como lo había hecho Japón el 7 de diciembre de 1941, en una acción que en lo fundamental era una declaración de guerra. Nada tenía que ver con el ataque nuclear para el que Estados Unidos estaba siendo preparado mentalmente desde el 6 de agosto de 1945 –como en los tiempos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando los periódicos dibujaban círculos concéntricos de la futura destrucción alrededor de ciudades estadounidenses y las revistas publicaban imágenes de un país, el nuestro, convertido en un erial en el que todo se había evaporado. Y ahí estaban los restos de la torres gemelas del World Trade Center, a los que cada día se llamaba el “Punto cero”, una expresión anteriormente reservada a un sitio en el que había habido un estallido atómico. De hecho, los ataques del 11-S, preparados por el más modesto de los grupos a un costo estimado de entre apenas 400.000 y 500.000 dólares y realizados por 19 secuestradores que utilizaron nuestros propias “armas” (unos aviones comerciales) contra nosotros.

Sin embargo, la respuesta de una administración Bush impaciente por golpear en el Gran Oriente Medio, especialmente contra el Irak de Saddam Hussein, fue actuar como si Estados Unidos hubiese de verdad sido alcanzado por misiles nucleares y nosotros estuviésemos en ese momento en guerra contra una nueva Alemania nazi o una revivida Unión Soviética. Fue así que los funcionarios de Bush desarrollaron ese primer impulso natural de proceder de manera apocalíptica, de ver que peligraba la propia existencia de nuestro país, y a partir de ahí ya no pararon. Como resultado de ello, desde el 12 de septiembre de 2001, en medio de la confusión, de la incapacidad de ver la realidad de las cosas, empezó algo que ya no acabaría nunca. La administración Bush, por supuesto, no se demoró y lanzó su propia “guerra global contra el terror” (el acrónimo creado fue GWOT). Sus funcionarios hicieron que la palabra “global” adquiriera su real dimensión insistiendo en que estaban planeando luchar contra el terrorismo en 60 o más países del planeta, un propósito como para dejar boquiabierto a cualquiera. 

Así han pasado 15 desastrosos años en los que nos hemos implicado en guerras, ocupaciones y conflictos en por lo menos siete países del Gran Oriente Medio, ahí por donde pasamos hemos dejado un tendal de países fallidos o a punto de estarlo y hemos estimulado la propagación de grupos terroristas en toda la región y más allá; después de esto, nos encontramos en la era Trump. Si para el lector no es obvio que todo sigue estando peligrosamente lejos de cualquier solución, debería serlo. Piense en el conjunto de ex militares y figuras asociadas que el nuevo presidente ha nombrado para dirigir la seguridad nacional. Tal como señala hoy Ira Chernus, colaborador regular de TomDispatch y profesor de Estudios Religiosos, los personajes nombrados coinciden en creer –sombras del GWOT– que en este mismo momento Estados Unidos está comprometido en una auténtica “guerra mundial”; también parecen creer que está en juego tanto la suerte de nuestro país como la del mundo entero, aunque ninguno de ellos es capaz de precisar contra quién estamos combatiendo en realidad. Esta lucha contra… bueno, quienquiera que sea, es tan apocalíptica que, en opinión de esas personas, lo que está en juego es la propia civilización “judeo-cristiana” (de ahí la reciente prohibición de lo musulmán, aunque no sea propiamente definida de esa manera). Acerca de todo esto y para probarlo, Chernus cita las nefastas palabras de los elegidos por Trump. 

Ahora mismo, ¿quién podría negar que muchos estadounidenses han perdido la capacidad de ver el mundo tal como es, ver las cosas en perspectiva o separar las auténticas amenazas de las construcciones fantasiosas? Por ende, estamos conducidos por unos funcionarios delirantes, como si lo hiciera –en un terrible film de Hollywood sobre la decadencia del Imperio Romano– un líder loco e impulsivo (que podría ser muy capaz de, en cuestión de unos meses de poner a todo el mundo contra nosotros). Si el lector no me cree, sumérjase en lo que hoy describe Chernus y en una guerra de fantasía y en un destino apocalíptico que supuestamente nos espera si no luchamos con todas nuestras fuerzas contra… bueno… 

¿Una perspectiva, un contexto, una proporción? Perdone, terrícola, no le entendemos bien.

–oOo–

El terror dentro de la Casa Blanca de Trump

¿Qué política de seguridad nacional procurará hacer la administración Trump en el ámbito mundial? Sobre esta cuestión, y sobre muchas otras, el recién asumido presidente ha brindado suficientes y contradictorios tweets, pistas y comentarios que ahora mismo la única respuesta definitiva es: ¿quién lo sabe?

Durante su campaña presidencial, Trump prometió más o menos una política exterior de no intervención, aunque también insinuó que podría hacer todo lo contrario. Por supuesto, ahí estaba el ISIS (en adelante, el Daesh), que debía ser destruido; él juró lo “bombardearía hasta hacerlo polvo”. Sugirió que incluso consideraría la utilización de armas nucleares en Oriente Medio. Y, como diría el doctor Seuss, eso no era todo, oh no: eso no era todo. Trump ha advertido frecuentemente acerca de los peligros de una terrorífica ola de “islamismo radical” e insistido en que “los terroristas y sus organizaciones tanto en el ámbito regional como en el global deben ser extirpados de la faz de la Tierra; una misión de la que nosotros nos encargaremos” (él ya ha ordenado su primera operación especial en Yemen que ocasionó la muerte de muchos civiles, entre ellos un ciudadano estadounidense).

Y cuando se trata de golpear a enemigos, difícilmente Trump esté deseando parar ahí, como le dijo a CNN: “Pienso que el islam nos odia”. Después, rechazó limitar ese odio al “islamismo radical”, ya que en la cuestión de los fieles de esa religión “es muy difícil definirlos, es muy difícil distinguirlos. Porque no se sabe quién es quién”.

Y cuando se trata de enemigos, ¿por qué limitarnos al islam? Aunque el presidente Trump ha cosechado innumerables titulares por propiciar un posible acercamiento con la Rusia de Vladimir Putin, durante la campaña electoral también sugirió que él iba a ser más duro que Hillary Clinton con el presidente ruso, que podría tener “una horrible relación” con Putin y que quizás incluso considerara el empleo de armas atómicas en Europa, presumiblemente contra los rusos. Ciertamente, su aparente entusiasmo por aumentar notablemente el arsenal nuclear, representa otro desafío para Rusia.

Y todavía, por supuesto, está China. Después de todo, además de los beligerantes comentarios de Trump sobre ese país, tanto su eventual secretario de Estado, Rex Tillerson, como su secretario de Prensa, Sean Spicer, ambos han insinuado recientemente que Estados Unidos debería impedir que China acceda a las islas artificiales que China ha creado y fortificado en el mar de la China Meridional; algo que, obviamente, sería un acto de guerra estadounidense.

En resumen. No tomemos con demasiada seriedad la promesa de no intervención formulada por un hombre que trata, sobre todo, de derramar dinero en otra “reconstrucción” de unas “diezmadas” fuerzas armadas de Estados Unidos. Solo conjeturar dónde se centrarán las futuras intervenciones de la administración Trump es, en el mejor de los casos, algo confuso, ya que el perfil de ‘El Enemigo’ –aparte del Daesh– sigue siendo un blanco que no para de moverse.

No obstante, supongamos que juzgamos al nuevo presidente no solo por sus declaraciones sino por las de quienes le acompañan, para el caso, aquellos que él eligió para que le asesoren en relación con la seguridad nacional. Si lo hacemos, el cuadro que surge es extraño. Solo hay un tema en el que todos los nombrados por Trump en los principales cargos de la seguridad nacional parecen claros como el cristal. Cada uno de ellos insiste en que estamos en nada menos que una guerra en la que la no intervención sencillamente no tiene cabida. Y en eso, raramente alguno rinde pleitesía al presidente. Cada unos de ellos asumió esa posición antes de que supieran que un día formarían parte de la administración Trump.

Solo hay un pequeño problema: ninguno de ellos es capaz de decidir contra quién estamos combatiendo en esta nuestra guerra mundial del siglo XXI. Por lo tanto, echemos una mirada a los integrantes de este equipo, uno a uno, y veamos qué pueden decirnos sus dichos sobre la cuestión de la intervención al estilo Trump.

El campo del miedo de Michael Flynn

Es posible que la palabra militar más influyente sea la del teniente coronel retirado y asesor de la seguridad nacional Michael Flynn (a pesar de que es evidente que su posición ya está debilitándose). Flynn estará al frente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés), al que el historiador David Rothkppf llama el “cerebro” y “centro neurálgico” de la Casa Blanca. Flyn expuso detalladamente sus puntos de vista en el libro que él y el neocon Michael Ledeen escribieron en 2014: The Field of Fight: How We Can Win the Global War Against Radical Islam and Its Allies (El campo de batalla: cómo podemos ganar la guerra global contra el islamismo radical y sus aliados) –un libro del que Trump, de quien se sabe que no lee, dice que es “muy recomendable”–. Decir que los puntos de vista de Flynn son aterradores sería un eufemismo.

Estados Unidos, afirma rotundamente Flynn está “en una guerra mundial” que bien podría ser una “guerra de los cien años”. Aun peor; “si perdiésemos esta guerra, [viviríamos] en un país totalitario… en la Rusia de la KGB o en un país nazi como el las SS”. Por lo tanto, deberemos hacer lo que haga falta para ganarla… Si salimos triunfantes, el pueblo estará seguro de que cualquier medio que se utilice será el apropiado”.

Pero, ¿a quién exactamente debemos derrotar? Resulta ser, según él, que nos enfrentamos con un extraordinario conglomerado de enemigos, “que se extiende desde Corea del Norte y China hasta Rusia, Irán, Siria, Cuba, Bolivia, Venezuela y Nicaragua”. Y eso no es todo, ni mucho menos: también están al-Qaeda, Hezbollah, el Daesh e infinidad de otros grupos terroristas”. Y no olvidemos al “narcotréafico, el crimen organizado y el terrorismo” (Flynn ha sostenido que los cárteles mexicanos de la droga ya están colocando carteles en la frontera entre Estados Unidos y México –escritos en árabe, nada menos– para señalarles los “corredores de entrada” a los terroristas islámicos).

¡Vaya una lista! Aun así, aunque en la mayor parte del libro, el “islamismo radical” parece ser el enemigo número 1 de Estados Unidos, Flynn dirige los focos del miedo directamente a un país: “Irán es el eje alrededor del cual gira la alianza, su pieza central”.

Cómo el Irán chiíta puede ser el “eje” de lo que resulta ser la insurgencia de ámbito global Estado Islámico sunní (apodado ISIS) es un misterio. Tal vez no sea solo una versión única del islam la que nos amenaza sino esa religión en sus múltiples variantes; al menos por eso parece haberse decantado Flynn después de que publicara su libro. En esa línea de pensamiento, en febrero de 2016, tuiteó su infame “El miedo al islam es RACIONAL” en defensa de un vídeo que criticaba y vilipendiaba a la religión con 1.600 millones de adeptos en el mundo. Es evidente que aún hoy, él sigue sin haber decidido si el “islamismo radical” –o quizás el islam como un todo– es una religión o una ideología política a la que nosotros debemos combatir hasta acabar con ella.

En nuestro mundo de hoy, todo esto pone de relieve otra flagrante contradicción: ¿por qué se aliaría la Rusia de Vladimir Putin, que durante tanto tiempo resistió ferozmente todas las insurgencias musulmanas dentro de su propias fronteras y ahora está combatiendo en Siria, con el radicalismo islámico mundial? Con la intención de aclarar todo lo que de otro modo no tiene ningún sentido, en su libro, Flynn ofrece esta simplista (y rocambolesca) explicación: todas la fuerzas dispuestas contra nosotros en el mundo están “unidas por su odio al Occidente democrático y su convicción de que la dictadura es algo superior”.

La ideología antidemocrática mata a todo*. Nuestros enemigos libran una guerra “contra la totalidad de la empresa occidental”. Para responder a esto, en su libro, Flynn sube la apuesta de la naturaleza religiosa de nuestra guerra global, haciendo un llamamiento a todos los estadounidenses para que “aceptemos que nuestro país fue fundado a partir de una ideología judeo-cristiana basada en una conjunto moral de reglas y vínculos… Occidente, y sobre todo Estados Unidos, es mucho más civilizado, mucho más ético y moral que el sistema que nuestros principales enemigos quieren imponernos”.

Sin embargo, da la casualidad de que Flynn parece haber llegado a una conclusión un tanto diferente desde que su libro fue publicado. “Es imposible que hagamos lo que queremos hacer a menos que trabajemos junto con Rusia, y punto”, le dijo al New York Times. “Lo que tenemos es un enemigo en común… el radicalismo islámico.” Resulta ser que los rusos podrían formar parte de esa… bueno, ¿por qué no utilizar la palabra?… cruzada cristiana contra el islam. Y entre otras cosas, Rusia podría incluso ser capaz de ayudar “a conseguir que los iraníes den marcha atrás en las guerras por delegación en las que están implicados” (una de las cuales, sin embargo, es contra el Daesh, una realidad a la que Flynn sencillamente elude).

Por supuesto, en este periodo, Rusia no ha cambiado significativamente su política. Es Flynn quien da la impresión de –en un momento en que la estrategia geopolítica prevalece sobre la ideología– haber cambiado de parecer en cuanto a quién es nuestro enemigo.

“Yo quisiera que este enemigo fuera claramente definido por este presidente”, dijo Flynn mientras hablaba acerca del presidente Obama. Ahora, cuando el presidente es Donald Trump, Flynn es el único que debe hacer esa definición; lo que tiene en la mano es una larga lista de enemigos, algunos de los cuales está claro que se llevan como el perro y el gato; evidentemente se trata de una lista abierta a una radical revisión en cualquier momento.

Todo lo que podemos decir con alguna seguridad es que a Michael Flynn no le gusta el islam y que quiere que nosotros tengamos miedo, mucho miedo, mientras nos batimos en esa “guerra mundial”, que es su guerra. Parece que cuando eligió el título para su libro se olvidó de una letra; debería haberse llamado El campo del miedo**. Su empleo actual merece también una pequeña corrección: asesor en inseguridad nacional.

Un incierto equipo de (in)seguridad

En el equipo de la inseguridad nacional encabezado por Flynn, todo el mundo parece compartir una única convicción: ciertamente, todos estamos ya en una guerra global, una guerra que podríamos perder. Pero cada uno de sus integrantes, sea hombre o mujer, tiene su predilecto en la larga lista Flynn de enemigos enunciados.

Por ejemplo, su principal ayudante en el NSC, K.T. McFarland. Para ella, el enemigo no es un país o una organización política sino un vagamente definido “apocalíptico culto a la muerte… el más violento y letal de la historia”, llamado “radicalismo islámico”. McFarland agrega, “si no destruimos el azote del islamismo radical, este acabará destruyendo la civilización occidental… y los valores que nos son queridos”. Para ella, se trata de una vieja historia: la civilización contra la barbarie.

Es imposible saber si McFarland tiene alguna influencia real en las decisiones que se toman en el Despacho Oval, pero su visión del enemigo fue expresada con el mismo lenguaje por alguien que sí tiene esa influencia: el nacionalista blanco Steve Bannon, a quien el presidente le ha confiado un asiento en el Consejo de Seguridad Nacional (se ha sabido que ha sido uno de los principales redactores del discurso de asunción del nuevo presidente). El principal consejero y asesor clave en relación con la política exterior y su estrategia en el largo plazo mostró una rara perspicacia en una conferencia que dio nada menos que en el Vaticano en el verano [europeo] de 2014.

Estamos en “una guerra que ya es global”, dijo Bannon, “una guerra abierta contra el fascismo del yihadismo islámico”. Sin embargo, nos enfrentamos con una amenaza igualmente peligrosa: “una inmensa secularización de Occidente”, que “converge” con el “radicalismo islámico” en una forma que él no se tomó la molestia de explicar. No obstante, fue muy claro al decir que la batalla contra la “nueva barbarie” del “radicalismo islámico” es una “crisis de nuestra fe”, una lucha para salvar las propias ideas del “Occidente judeo-cristiano… una iglesia y una civilización que en realidad es la flor y nata de la humanidad”.

Parece que el nuevo director de la CIA, Mike Pompeo, coincide sin reservas con Bannon en cuanto a que estamos en una guerra religiosa de ámbito mundial, “el tipo de lucha que con el que éste país no se había enfrentado desde las grandes guerras”. Parte de la clave de la supervivencia, tal como él la ve, es contar con “más políticos imbuidos de fe para infundir su creencia al gobierno y volver a poner a Estados Unidos en el buen camino en lugar de doblegarse ante el secularismo”. En esta batalla entre iglesias y mezquitas, él sostiene también que se ha trazado una línea divisoria entre “quienes aceptan la modernidad y los bárbaros”; para él, esto es “el oriente islámico”. En tan grandilocuente maraña, quién es quién entre nuestros enemigos es un puesto que continúa estando vacante. Todo lo que Pompeo sabe con seguridad es que “el mal nos rodea”.

El general retirado y secretario de Defensa James Mattis admite con franqueza lo confuso que es todo esto, pero también él insiste en que “debemos tener una posición firme y estratégica en defensa de nuestros valores”. ¿Y quien exactamente está amenazando esos valores? “¿El islam político?”, preguntó retóricamente a su audiencia. En esta cuestión, él mismo respondió así: “Debemos discutir esto”. Después de todo, continuó, “Si no nos hacemos esta pregunta, ¿cómo reconoceremos cuál es nuestro lado en un conflicto?”.

Sin embargo, hace algunos años, cuando Barack Obama le pidió que, como comandante del CENTCOM*** en Oriente Medio, explicara detalladamente sus prioridades, Mattis fue claro como la luz del día: “Número 1: Irán, Número 2: Irán, Número 3: Irán”. Por otra parte, en su cesión de confirmación, de pronto reveló que Rusia era “una amenaza de primer orden… un adversario en zonas críticas”.

Todavía un punto de vista más; es el del general retirado y secretario de Seguridad Interior James Kelly. También él está seguro de que “en estos momentos, nuestro país está en una lucha a muerte contra un enemigo maligno” que está “en todo el planeta”. Pero para él, ese malvado enemigo está representado, sobre todo, por los cárteles de la droga y los inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera EEUU-México. Esta es la verdadera amenaza “existencial” para Estados Unidos.

Todos los miembros del equipo de la seguridad nacional del presidente Trump parecen estar de acuerdo en una cosa: Estados Unidos está en una guerra global a muerte, una guerra que podríamos perder y que sumiría a nuestro país una versión bastante literal de la ruina apocalíptica. Aun así, no existe consenso acerca de contra quién o contra qué estamos combatiendo.

Flynn, supuestamente la voz decisiva del equipo de la seguridad nacional, ofrece una amplia y cambiante selección de enemigos que pululan amenazadoramente en el campo del miedo del universo Trump. El resto señala y pone el acento en uno o más grupos, movimientos o países que integran es confusa caterva de potenciales enemigos.

Necesitamos un enemigo; cualquier enemigo

Por supuesto, esto podría conducir a la exacerbación de las disensiones y a una lucha por el control de las políticas exterior y militar del presidente. Aunque es más probable que Trump y su equipo no vean que esas diferencias sean críticas en tanto todos coincidan en que la amenaza de destrucción está realmente en nuestra puerta, sea quien sea el que traiga nuestro destino apocalíptico. Arrancando con semejante terrorífica suposición acerca de la cual nuestro mundo actual funciona como una premisa incuestionable, los integrantes del equipo de la seguridad nacional pueden jugar a ‘rellenar el espacio en blanco’ y nombrar a un nuevo enemigo tan a menudo como les plazca.

Después de todo, durante casi los últimos 100 años, los estadounidenses hemos estado rellenando el espacio en blanco con bastante regularidad: primero con los nazis y los fascistas de la Segunda Guerra Mundial, después la Unión Soviética y los países del “bloque comunista” (hasta que, como pasó con China y Yugoslavia, dejaron de estar), después los vietnamitas, los cubanos, los granadinos, los panameños, los llamados narco-terroristas, al-Qaeda (¡desde luego!) y, más recientemente, el Daesh, entre otros. Trump nos recuerda esta historia cuando dice cosas como: “En el siglo XX, Estados Unidos derrotó al fascismo, al nazismo y al comunismo. Derrotaremos al terrorismo del radicalismo islámico, como lo hemos hecho con cada amenaza que debimos enfrentar en cualquier época pasada”.

El campo de miedo que Trump y su gente están trayendo a la Casa Blanca es, hoy por hoy, una versión extrema de un rasgo conocido de la vida estadounidense. El espectro del Apocalipsis (en el nuestro significado moderno del mundo), la noción de que enfrentamos un enemigo consagrado por encima de cualquier otra cosa a destruirnos totalmente, está enterrada tan profundamente en nuestro discurso político que raramente dedicamos algún tiempo a pensar en ella.

Una pregunta: ¿por qué semejante enfoque apocalíptico –incluso cuando es tan ridículamente confuso y carente de hechos básicos que le den sustento, por no decir confuso para sus propios defensores– es tan convincente para tantos estadounidenses?

Hay una respuesta que parece bastante clara: es difícil unir a la gente detrás de intervenciones militares y guerras que apunten explícitamente a la expansión del poder y el control de Estados Unidos en el mundo (razón por la cual los funcionarios más importantes de la administración Bush trabajaron tan arduamente para colocar unas armas de destrucción masiva en el Irak de Saddam Hussein y vincularle falsamente con los ataques del 11-S para invadir su país en 2003). Durante muchos años, los estadounidenses aseguraron a los encuestadores que no querían ser los policías del mundo. Entonces, tal como han reconocido exitosos líderes desde el presidente Franklin Roosevelt, cualquier guerra o paso en esa dirección debe ser disfrazado con la palabra defensa; si además puede añadirse la sensación de una amenaza apocalíptica, tanto mejor.

Defensa es un eufemismo del léxico estadounidense (empezando por el departamento de Defensa, conocido alguna vez con mayor exactitud como el departamento de Guerra). Confiere un aura de justificación moral a la más violenta y agresiva de las acciones. Tan pronto como el público esté convencido de que debemos defendernos a cualquier precio de un enemigo que amenaza a nuestro mundo, todo es posible.

Trump y su equipo de la seguridad nacional gozan de un beneficio añadido: las noticias, los medios que difunden noticias continuamente y tienen la tendencia de inflar incluso las acciones relativamente modestas (aunque sean hechos sangrientos) de los terroristas tipo “lobos solitarios” hasta sumir nuestra vida –durante las 24 horas de cada día de la semana– en una atmósfera de amenaza total. Imágenes de terror que en otros tiempos eran mostradas unos pocos minutos en las noticias de la noche de la TV, hoy son ofrecidas interminablemente –como sucedió con la matanza de San Barnardino o la del night club Pulse– durante días, incluso semanas.

Ciertamente, cuando tantos consumidores de noticias en la nación más poderosa del mundo aceptan tan truculentas imágenes –y su propia supuesta vulnerabilidad amenazada– como la realidad misma (las encuestas nos dicen que para muchos estadounidenses esto es efectivamente así), en parte es porque esto hace que cualquier violencia que nuestro gobierno inflija a otros parezca “lamentable, pero necesario”, por lo tanto, moral; es decir, nos libera de cualquier responsabilidad.

En parte, también, esa ansiedad colectiva por lo apocalíptico proporciona a los estadounidenses un vínculo perverso en un mundo en el que –como mostró la última campaña presidencial– es cada vez más difícil encontrar un denominador común que defina una identidad estadounidense que nos venga bien a todos. Lo más cercano a eso es la compartida determinación de defender nuestro país contra quienes lo destruirían. En 2017, si no tuviésemos esos enemigos, ¿tendríamos una idea compartida de qué significa ser estadounidense? Ahora, después de haber compartido ese sentido de identidad durante tres cuartos de siglo, para la mayoría de nosotros ese sentido se ha convertido en un hábito que no se cuestiona, esa peculiar comodidad que suele producirnos lo conocido.

Llegados a este punto, más allá de subir la apuesta contra el Daesh, nadie puede pronosticar qué fuerza, qué conjunto de grupos o países, o incluso qué religión, puede elegir la administración Trump como la próxima gran “amenaza a la seguridad nacional”. Sin embargo, mientras el gobierno, los medios y buena parte de la población estén de acuerdo en que exorcizar el mal es la principal misión de Estados Unidos, la administración tendrá algo muy parecido a un cheque en blanco para hacer lo que más le guste. Cuando se trata de “defender” la nación, ¿qué otra opción hay?

* Aquí, el autor hace un intraducible juego de palabras en el que utiliza el vocablo trump. En los juegos de naipes, trump significa “matar” –una carta a otra de menor valor–. (N. del T.)

** El título del libro es The Field of Fight… (el campo de batalla); el autor habla de una “r” olvidada. Si la rescatamos, sería The Field of Fright… (el campo del miedo). (N. del T.)

*** Comando Central de Estados Unidos. (N. del T.)

Ira Chernus, colaborador habitual de TomDispatch, es profesor emérito de Estudios Religiosos en la Universidad de Colorado, Boulder, y autor de MythicAmerica: Essays (accesible on-line).

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176239/tomgram%3A_ira_chernus%2C_now_who%27s_the_enemy/#more

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222879

¿Dejarán ganar y gobernar a la hija de un humilde albañil los poderosos políticos y empresarios?

1. Reconozco que López Obrador, dirigente de Morena, es el único alto político que de manera abierta -aunque tibiamente- ha apoyado la lucha magisterial, la lucha contra los gasolinazos, el combate contra la “reformas estructurales” y el castigo a todos los políticos corruptos. En los últimos días, en entrevistas, casi lo han obligado a declarase contra Trump y a fijar su posición frente a los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. La semana pasada AMLO acompañó a la profesora Delfina Gómez de Texcoco, Estado de México, hija de un humilde albañil, al inicio de una precampaña electoral para la gubernatura.

2. No me imagino que una maestra de primaria de clase media baja, con muchos conocimientos en educación, pero no tantos en política, obtenga el gobierno en el estado más poblado de la República donde existe un terrible cacicazgo (el famoso grupo Atlacomulco) de millonarios que ha gobernado por más de 50 años y que hoy ocupa la Presidencia de la República. Si Delfina ganara sería un agradable sorpresa, pero al mismo tiempo sería una mentada de madre a Peña Nieto, al PRI y a sus corifeos porque pondría en inestabilidad a los grupos que han hechos grandes negocios en más de medio siglo.

3. ¿Cómo podría ganar la maestra Delfina Gómez si en el Estado de México y en las arcas presidenciales existe el dinero suficiente para comprar a todos los votantes, para entregar millonadas a los medios de información y para organizar cualquier fraude? Los trabajadores pobres y la clase media baja son ampliamente mayoritarios entre los electores y votarían por Delfina; pero en México y en todo el sistema capitalista las elecciones sólo han servido para confirmar o legalizar lo que los sectores más poderosos del país o de los estados de la República han determinado antes.

4. Aunque por convicción nunca he votado, sé por experiencia, por estudios de política, que no ha sido de otra manera (en cada elección se me refleja una mano invisible en cada urna que dirige la mano del votante a favor del personaje antes seleccionado). Si le dan el triunfo a la maestra –además de la sorpresiva “revuelta” que causaría, me haría pensar que la clase empresarial y Peña van a probar otra estrategia, que con ello al fin abrieron el camino a la Presidencia al mismo AMLO reconociendo el gigantesco desgaste que hay en el país, sobre todo por la crisis económica y las presiones del presidente Trump.

5. En México cualquier persona –hasta los hoy llamados independientes, sin partido- puede ganar una elección; el único requisito es que respete, que no se declare enemigo de la clase política y empresarial. Entre los partidos la sumisión y la disciplina es esencial. Dicen: “si no te tocó cargo hoy ya te tocará mañana, entre tanto te damos un pequeño cargo de congratulación”. Por ello los partidos siempre han puesto en primer lugar la negociación y la colaboración con el PRI y el PAN que son los partidos que el apoyo empresarial y clerical. Así que hay que estar atentos en la que pase en el Estado de México donde el candidato del PRI es hijo legítimo de Atlacomulco.

Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222908

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