“El soberanismo ha ganado la batalla cultural en Francia”

Entrevista al economista y politólogo francés Jacques Sapir

 

CTXT

 

 

Miembro de la fachoesfera, simpatizante de Vladimir Putin, el economista predilecto de Marine Le Pen… El heterodoxo -y prestigioso- economista Jacques Sapir (Puteaux, 1954) no suele recibir demasiados elogios en la prensa francesa. Director de estudios en la École desHautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y miembro de la Academia de Ciencias de Rusia, este especialista de la economía rusa se ha erigido como una de las voces más críticas en Francia con el euro y la globalización económica en su forma actual.

Militante de izquierdas radical durante los setenta, Sapir participó en la campaña por el No a la Constitución europea en 2005 al lado de intelectuales y militantes comunistas y del ala izquierda del Partido Socialista. Su editor es el economista Jacques Généreux, principal responsable del programa económico del izquierdista Jean-Luc Mélenchon. Pero Sapir también se ha codeado con el candidato soberanista Nicolas Dupont-Aignan y el año pasado intervino con un vídeo en la universidad de verano del Frente Nacional (FN). Considera, de hecho, que esta formación “no es un partido racista en su discurso oficial”.

Tras haber publicado recientemente obras como Souveraineté, démocratie, laïcité o L’Euro contre la France, Sapir recibe a CTXT en su despacho en la EHESS en la rive gauche (zona predilecta de los intelectuales) de París. Analiza los resultados de la primera vuelta de las presidenciales, el auge de los movimientos soberanistas en Francia y la crisis de la democracia en Europa.

El centrista Emmanuel Macron será probablemente el próximo presidente francés. En su programa defiende suprimir 100.000 puestos de funcionarios, pero también quiere impulsar un plan de inversiones de 50.000 millones de euros. ¿El programa de Macron servirá para relanzar la economía francesa?

No lo creo. En el programa de Macron vemos a la vez medidas de austeridad que afectarán al poder adquisitivo y un plan de relanzamiento para compensar este aspecto recesivo. Pero cuando una mano apoya sobre el freno y la otra acelera, a lo mejor tiene un resultado nulo. Macron, como ministro de Economía, pensó en ayudar fiscalmente a las pequeñas y medianas empresas para mejorar la situación de su tesorería. Lo que no era una mala idea. Pero la aprobación de una reducción de los impuestos de 40.000 millones a todas las empresas sirvió para incrementar los beneficios de los grandes grupos, que los distribuyeron entre sus accionistas, y no permitió incrementar las inversiones en Francia. Mélenchon o Le Pen defienden, en cambio, lo contrario, que hay que incentivar fiscalmente las inversiones en el territorio francés.

¿Esto significa que las políticas de Macron favorecerán que continúe la situación actual de deflación y letargia económica?

Sin duda alguna. Su programa representa la continuidad del programa de Hollande y no habrá cambios sustanciales. Aunque se presente como un joven, Macron es un conservador y quiere conservar el marco económico e institucional actual, que sabemos que no funciona.

Ante el continuismo que representan las políticas de Macron, ¿Le Pen tiene alguna posibilidad para vencer en la segunda vuelta de las presidenciales?

Macron es favorito, pero nada es definitivo. Los sondeos conceden el 60% de los votos a Macron y el 40% a Le Pen, pero todo dependerá de cómo hagan campaña. Si Le Pen es capaz de abrir su campaña hacia otras franjas de los movimientos soberanistas que existen en Francia y si encuentra las palabras adecuadas para dirigirse a los votantes de la Francia Insumisa, puede crecer por encima del 40%.

Si sumamos los resultados la primera vuelta de las presidenciales de Le Pen (21,30%), Mélenchon (19,58%) y Dupont-Aignan (4,70%), casi la mitad de los franceses apostaron por candidatos con una visión muy crítica de la UE y la globalización. ¿Cómo valora este crecimiento del soberanismo?

El soberanismo ha ganado la batalla cultural en Francia. Quizás no ha ganado la batalla política, ya que Macron será elegido probablemente como presidente en la segunda vuelta de las presidenciales, pero las ideas soberanistas han progresado enormemente en la sociedad francesa. La mejor prueba de ello es que Macron durante su discurso de la noche electoral utilizó en dos ocasiones la palabra patriota. Es extremadamente significativo en un hombre que hace dos semanas decía que no hay una cultura francesa y que no había recurrido a este tipo de vocabulario.

¿Pero no teme que este retorno de la nación sea aprovechado por formaciones racistas o xenófobas?

En el fondo pienso que hay un riesgo de que los movimientos soberanistas sean capturados por nacionalistas en el sentido estrecho del término. Es decir, por personas que priorizan su idea de la nación en contra del resto de la población. Es un riesgo evidente. Este riesgo resulta aún más fuerte ya que nos encontramos bajo el marco de la globalización, que ha permitido que se desarrolle toda una serie de movimientos racistas y xenófobos. Pero sólo a través de una reapropiación de la idea de la nación podemos combatir este riesgo.

¿Qué aspectos positivos ha aportado el FN al debate político francés?

El FN ha hecho volver a la política a franjas de la población que habían salido de la política desde hacía una quincena o una veintena de años. Mélenchon ya dijo hace veinte años que el único partido que hacía política en Francia era el FN. También el FN ha adoptado propuestas en materia económica y social que no se encuentran demasiado alejadas de las de Mélenchon. Luego hay otras propuestas que son criticables. Cuando Le Pen dice que quiere derogar el derecho al suelo [el derecho de cada habitante nacido en Francia a obtener la nacionalidad francesa], estoy en contra de ello. Podemos debatir sobre las condiciones de aplicación del derecho al suelo, de si la ley sobre la nacionalidad francesa hace que sea demasiado fácil obtenerla. Pero el derecho al suelo debe ser mantenido.

Una de las novedades de la campaña de Mélenchon es que ha mantenido un discurso muy crítico con la globalización y ha defendido propuestas como el proteccionismo solidario o la supresión del estatus diferenciado de los trabajadores de empresas extranjeras que no cotizan a la seguridad social francesa. ¿Cómo valora estas propuestas?

Estas propuestas han sido un punto importante en la campaña de Mélenchon. La campaña de la Francia Insumisa estuvo marcada primero por un momento ecologista, ya que su programa es el más coherente respecto a la cuestión ecológica. Pero luego también hubo un momento patriota. Mélenchon hizo numerosas referencias a Francia. Sin duda, sigue la línea del patriotismo republicano, del patriotismo de la Primera República Francesa (1792-1804) y los escritos de Victor Hugo, al que suele citar. Pero se trata de un patriotismo duradero en el tiempo. Además de este patriotismo, añade su crítica a la globalización que me parece muy interesante. Mélenchon no aborda la cuestión del proteccionismo a través de posiciones exclusivistas, que consisten en decir que estamos completamente a favor o en contra. Reivindica que en determinadas ocasiones hará falta adoptar medidas proteccionistas.

Mélenchon propone un plan de inversiones de 100.000 millones de euros para relanzar la economía. ¿Pero resulta posible aplicar este tipo de políticas bajo el marco actual del euro?

La política propuesta por Mélenchon no es coherente con el mantenimiento del euro. Pero que él desee que sean Alemania y el Banco Central Europeo (BCE) los que provoquen la implosión de la zona euro lo puedo comprender. Se trata de una táctica política. Dice que quiere hacer un plan de inversiones y que lo hará a través del Banco de Francia sin tener en cuenta lo que diga el BCE. Pero él sabe muy bien que esto no es aceptable ni por Alemania ni por el BCE.

Usted defiende un discurso muy crítico con el euro. ¿Por qué?

Porque he constatado desde hace años que la moneda única ha llevado a Europa y a los países que forman parte de ella a una depresión generalizada de la economía. Estamos empujando la economía mundial hacia abajo. Vemos claramente que el euro favorece a la economía alemana. Favorece una devaluación del marco alemán virtual y produce una sobreevaluación de la divisa en países como Francia, Italia o España. Esta es la causa del gran excedente comercial de Alemania que se hace en detrimento de países como Francia o Italia. Por este motivo, pienso que hay que salir del euro.

Considera que el euro no sólo tiene efectos económicos negativos sobre países como Francia o España, pero que también está destruyendo políticamente Europa.

El euro no es sólo una moneda, sino también un modelo de gobernanza que se ha impuesto a los países. Este instituye una autoridad supranacional que vacía el poder de decisión de los parlamentos de los distintos países miembros. La negación de la democracia vinculada al euro está haciendo implosionar a Europa. Lo vemos con el crecimiento de movimientos antieuropeos.

¿Qué se puede hacer para hacer frente a esta crisis de la democracia en Europa?

Si queremos hacer sobrevivir la UE, que no es lo mismo que Europa, sólo hay dos maneras posibles: que se reforme de manera extremadamente importante o que abandone el euro. Si se abandona el euro, podría haber un sistema de paridades monetarias que podrían circular, de forma no excesivamente controlado. Nos podríamos poner de acuerdo para que estas paridades sólo fluctuaran durante un determinado momento durante el año. Pero la fluctuación del valor de las monedas me parece central para la supervivencia de la UE.

El FN ha intentado durante esta campaña no pronunciarse sobre la cuestión del euro. ¿Esta formación ha moderado su posición respecto al abandono de la moneda única?

No lo creo. Le Pen ha modificado un poco su discurso respecto a este tema, pero se trata de un ajuste táctico. A Florian Philippot [vicepresidente de la formación] le preguntaron el domingo 23 de abril por la noche si seguían defendiendo la salida del euro y respondió que sí. Pero nos encontramos ante una situación extraña en Francia. La mitad de la población está en contra de la UE, pero sólo el 40% de ella está en contra del euro. Lo que es absurdo. Porque si salimos de la UE, saldremos del euro. Lo entendería mejor si la mayoría de la población deseara salir del euro, pero no de la UE.

¿Cómo explica la contradicción de que haya más franceses en contra de la UE que del euro?

Se trata de una contradicción comprensible desde un punto de vista psicológico. Para la gente, tocar su moneda provoca una gran inquietud. Poner en duda la UE es una discusión más política. La gente entiende mejor este discurso y una parte de la población está convencida de que la UE comporta unas condiciones nefastas para Francia.  @ENRICQUART

Fuente: http://ctxt.es/es/20170426/Politica/12408/Jacques-Sapir-entrevista-elecciones-Francia-Le-Pen-Macro-UE.htm 

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=225941

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