“Los asesinatos en varios lugares del país son una advertencia de lo que puede pasar en un futuro inmediato con los desmovilizados”

Entrevista a Renán Vega Cantor, Universidad Pedagógica Nacional

Mario Hernandez

Rebelión

M.H.: Me gustaría conocer tu análisis acerca de cómo se están implementando los Acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC, habida cuenta de que se han producido en los últimos meses una gran cantidad de atentados contra defensores de los Derechos Humanos en tu país; de 285 casos de asesinatos en el mundo, se reportan en Colombia 85. Es una situación que por lo menos a los ojos del exterior preocupa y mucho.

R.V.C.: No creo que preocupe sólo a los ojos del exterior, sino a los ojos de cualquier ser humano, porque estamos asistiendo en este instante en Colombia a una práctica por desgracia conocida y reiterada en nuestro país. Recrudecen los atentados contra luchadores y defensores de los Derechos Humanos como parte de una estrategia claramente genocida que pretende que la legalización de un grupo insurgente quede huérfana. Es decir, que el pasar de la lucha armada a la lucha política sea sin base social, sin dirigentes, sin quién los respalde y eso se logra a través de producir miedo, pánico y desbandada. Máxime si tenemos en cuenta que eso se produce en las regiones del país donde las FARC ha tenido influencia histórica, allí es donde se están presentando atentados y asesinatos como, por ejemplo, el departamento del Cauca, en Antioquia, en Catatumbo, zonas donde ha habido presencia histórica de la insurgencia donde se está dando esta operación de asesinatos planificados, esto no se puede pensar de otra forma, no puede pensarse como algo aislado a lo que está pasando en el país y que no tiene relación con la desmovilización de las FARC.

M.H.: Esto ha provocado algunos pronunciamientos, rescaté los dichos de Carlos Lozano, vocero de Marcha Patriótica, quien sostuvo que “estamos frente a uno de los peores genocidios que nos recuerda los peores días del genocidio de la Unión Patriótica”. Consignando que habían sido asesinados 123 miembros de Marcha Patriótica y, como vos bien decís, señalando que no corresponden a hechos aislados o fortuitos sino a un claro plan sistemático de exterminio y a un atentado al actual proceso de paz.

R.V.C.: La relación es directa porque en un país tan violento como Colombia, está claro que éstas no son violencias ocasionales, estamos hablando de un plan sistemático de exterminio que en Colombia lleva varios años y que ha significado el asesinato de dirigentes sindicales, dirigentes campesinos, estudiantes, profesores, intelectuales críticos y en momentos en que está la posibilidad de acceder a la desmovilización de las FARC lo que se trata es de atacar su posible base social que lo pueda apoyar o a todos aquellos sectores que puedan tener algún grado de organización y movilización para luchar por reivindicaciones en lo inmediato.

Lo que se dice no es ninguna exageración, estamos hablando de muchos muertos, entre ellos de Marcha Patriótica, estamos hablando de un mes de enero con asesinatos en varios lugares del país como en los departamentos de Córdoba y Cauca y esta es una advertencia de lo que puede pasar en un futuro inmediato con los desmovilizados. Creo que esa es la sombra más terrible que se tiende sobre los antiguos guerrilleros.

A pesar de todo lo que las FARC han cedido el establishment las sigue viendo como enemigos

M.H.: Paralelamente a estos hechos el fin de semana estuvo reunido el Pleno del Estado Mayor Central de las FARC y allí estuvieron analizando la transición de estructura guerrillera a partido político legal, lo cual tendría su acto fundacional hacia finales de mayo. ¿Qué análisis ha hecho la dirigencia de las FARC respecto de esto que estamos comentando?

R.V.C.: A estas alturas prácticamente es muy difícil que las FARC como agrupación retrocedan en su decisión de abandonar la lucha armada, creo que éste es el elemento fundamental a recalcar porque si no hubiera sido por ellos la guerra hubiera continuado, tanto por el resultado del plebiscito como por todas las políticas del santismo.

No se le pone fin a una parte fundamental del conflicto armado por voluntad de las clases dominantes del Estado, sino por una voluntad de las FARC que han cedido prácticamente en todo para lograr su integración a la vida civil, pero esa integración está llena de problemas, es un camino repleto de obstáculos. Como bien lo han dicho dirigentes de la nueva insurgencia, a pesar de todo lo que ellos han cedido el establishment los sigue viendo como enemigos.

La guerra no ha terminado, el anticomunismo está a flor de piel, la idea de que hay que asesinar a todos los que piensan distinto prevalece y está legitimada por todos los medios, por la televisión, la radio, por la prensa. Es un contexto verdaderamente complicado, es un salto hacia lo desconocido.

A pesar de las dificultades ellos han ratificado su decisión de no regresar a la lucha armada e incorporarse a la lucha política como movimiento legal, como un partido político. Están aceitando los mecanismos para hacer posible ese tránsito. En el camino han tenido que reconocer que el Estado colombiano ha empezado a incumplir muchos compromisos como, por ejemplo, un acuerdo prácticamente tácito que era la liberación de dirigentes que estaban en cárceles en EE. UU. y se pensó hasta último momento que Obama iba a conceder el indulto de Simón Trinidad, como lo hizo con otros presos políticos, pero no se realizó. En los días de ayer y de hoy las FARC manifestaron su descontento ante esta decisión y reconocieron que Santos no había puesto nada de su parte para hacer posible esa liberación, lo que es considerado como una traición muy grande de parte del Estado. Esto muestra todas las dificultades del contexto que se presentan, además hay que señalar que finalmente el acuerdo que se aprobó es un acuerdo absolutamente restringido que prácticamente no tiene ningún punto significativo que reformule la estructura política, social y económica del país, por el contrario, tenemos una extrema derecha profundamente fortalecida que va a elecciones en el 2018. Por lo tanto, el contexto no es para nada satisfactorio para las alternativas de izquierda y para el movimiento insurgente que se incorpora a la vida política legal.

M.H.: Otro de los puntos que trataron en esta reunión que se desarrolló entre el 18 y el 21 de enero es una propuesta de gobierno de transición. ¿Qué significa esta propuesta?

R.V.C.: Es un término muy polémico porque prácticamente por lo que se entiende por gobierno de transición es uno que garantice la incorporación de las FARC a la vida civil y política y le brinde protección. Y en algunos círculos se supone que un gobierno de transición sería una continuación del gobierno de Santos, incluso entre algunos círculos de izquierda. Esta es una postura bastante cuestionable porque a la par que el santismo ha dado pasos para que se termine el conflicto armado, no ha dado ninguno para que se establezca la paz en Colombia, no ha planteado nada con respecto a los cambios estructurales que necesita Colombia, por el contrario, ha reforzado el modelo neoliberal, la explotación minera, por ejemplo, la reforma tributaria absolutamente antipopular que se aprobó.

Todas las prácticas del gobierno son políticas de guerra social y económica. Un gobierno de transición entonces es una continuación del neoliberalismo pero garantizando la inclusión de las FARC en la vida civil.

Ya empiezan a sonar los candidatos en esa dirección y uno de ellos es quien ha sido el representante gubernamental de los diálogos en La Habana. Uno esperaría que ante esto la izquierda se uniera con un candidato propio e independiente, con un programa totalmente distinto, democrático, pero por desgracia las fuerzas de izquierda están muy divididas y tienen proclamados los precandidatos y no hay diálogos de unión en el horizonte.

Se está cerrando un ciclo histórico

M.H.: ¿Cómo incide en Colombia la asunción de Donald Trump?

R.V.C.: Como en gran parte del mundo y de América Latina, es una postura incierta. Hay que ver qué medidas toma, porque hay algunas que se van a dar en estos días como la abolición del acuerdo Transpacífico y eso indica una campanada de alerta para las clases dominantes de Colombia y América Latina que siempre se plegaron al modelo librecambista, a la de firma de tratados librecambistas incondicionales con EE. UU. y con otros países del mundo, de Europa y de Asia, pero principalmente con los EE. UU.

Lo que prácticamente no se ha mencionado pero está tambaleando es la Alianza del Pacífico, planteada como una estrategia impulsada por Colombia, México, Chile y Perú para bloquear el Alba y el Mercosur. Eso está seriamente cuestionado, junto con lo que ha anunciado Trump de revisar el Tratado de libre comercio con México, es un elemento que pone a pensar a las clases dominantes porque son condicionantes del modelo globalizador que hoy está sumamente cuestionado por su principal impulsor.

Las clases dominantes en Colombia siempre han sido tan plegadas a los EE. UU., que estarán tratando de adecuarse a esa nueva realidad para seguir incondicionales a ellos. Por el momento Colombia no parece ser una de las prioridades de Trump en América Latina, como sí lo son además de México, Cuba y Venezuela, lo que nos afecta a todos los latinoamericanos. Es la misma postura que ha tomado Donald Trump en cuanto a los Acuerdos de paz cuando al final de su mandato Obama había ofrecido 450 millones de dólares para un demagógico Plan Colombia de paz. Ese dinero va a llegar o no, como parte de esos acuerdos.

M.H.: ¿Querés agregar algo más?

R.V.C.: Simplemente que este es un año muy difícil y muy duro para Colombia y para el mundo entero, estamos asistiendo a nuevos tiempos, turbulentos. Es un salto a lo desconocido, se está cerrando un ciclo histórico que es el de la globalización y eso va a tener consecuencias muy terribles porque lo que viene no se avizora como mucho mejor que lo que pasó, sino como un regreso al siglo XIX y, por lo tanto, las clases dominantes de estos países se van a ajustar a esto, y si hay un país incondicional de los EE. UU. es Colombia y ya se muestra en un hecho absolutamente cuestionable y provocador, como fue el anuncio que hizo Santos a fines de diciembre, de vincular nuestro país a la OTAN.

https://www.rebelion.org/noticia.php?id=222194

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